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Cómplices | seducción y humor tibios

Una comedia mexicana de rutina sin mayores pretensiones que distraer un rato al respetable

El principal problema de la comedia mexicana actual no es que insista en ciertas fórmulas, sino que las aborde con tibieza y solo por encima, además de rehusarse a intentar aplicar otro tipo de humor a sus historias. La comedia puede ser ácida, negra, política, social y de muchos otros sabores. La misma comedia romántica puede ser mucho más maleable de lo que aparenta ser. Sin embargo, las comedias mexicanas contemporáneas tienen la noción de que hacer ciertos gestos o decir los diálogos con cierto tono te hace más de la mitad del trabajo, lo cual no es verdad.

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¿A qué me refiero con esto? Las comedias sobre diferencias de clases sociales o sobre diferencias culturales (como la reciente La Boda de Valentina (35%)) trató el tema muy superficialmente cuando pudo haber exprimido más risas de muchas situaciones que no van más allá de un guiño a la audiencia. En Una Mujer Sin Filtro (44%) el desfogue de la protagonista no pasó de un par de mentadas de madre. Ahora llega Cómplices y su premisa de un galán “Pick Up Artist” que adiestrará a su ñoñisimo sobrino en el arte del ligue también procura pasar solo por encima de la premisa, sin hacer mucho con ésta.

Arath de la Torre es el seductor en cuestión y así como Will Smith en Hitch: Especialista en seducción (69%) tendrá que transmitir su sabiduría a otro caballero que no puede evitar hacer el ridículo ante las féminas. Como ya podrán imaginar existe una dama en particular que hace vibrar el corazón del Don Juan de manera diferente. La película marca el camino desde muy temprano respecto hacia dónde va y en ese sentido logra no ser tan predecible como uno pensaría. Marina de Tavira interpreta a la mujer que cautiva a Juan, una fotógrafa de mundo independiente y que sabe lo que quiere. En uno de los aciertos de la cinta el personaje de De Tavira es consistente con su discurso de principio en fin y no flaquea como Marimar Vega en la ya mencionada La Boda de Valentina, quien después de tanto discurso termina por elegir lo obvio y predecible para su vida.

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Luis Eduardo Reyes, director de la también ya mencionada Una Mujer Sin Filtro (44%), hace un trabajo estético menos llamativo que su anterior cinta y en general persiste el look de serie de televisión local con varios tiempos muertos entre escena y escena. Arath de la Torre tiene un poco más de rango que otros actores de las comedias nacionales, pero su personaje tampoco tiene tantas capas como para exigirle un mayor esfuerzo histrionico. Los chistes de mirreyes, nacos, humor escatológico y otros gags ramplones que tanto fascinan a algunos realizadores nacionales están ausentes aquí. Sin embargo, todas las implicaciones que conllevan la conquista romántica, sexual y el obvio despertar del precoz personaje de Jesús Zavala (quizás el actor más esmerado en escena) también brillan por su ausencia.

Cómplices se queda entonces a medias en su cometido, sin ser particularmente fallida pero tampoco memorable. Tibia es la palabra que la define adecuadamente. La comedia en el cine mexicano necesita ser más ambiciosa e intentar algo más que solo hacer sonreír a medias al público. Incluso dentro de los confines del romanticismo no se puede subestimar al público ni a las trampas que pone el corazón en sus laberinticos pasillos. Cómplices cubre la cuota del estreno de comedia mexicana de cada tantas semanas sin pena ni gloria. Comparada a esperpentos como La Prima y Lo Más Sencillo es Complicarlo Todo (0%) sale mejor parada, pero cuando el estándar es tan bajo es que algo anda muy mal. Eso les queda de tarea a productores, directores y guionistas de la industria. Preguntarse qué se hace bien y que se hace mal en el cine comercial mexicano actual.

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