El nuevo universo de DC, bajo la dirección de James Gunn y Peter Safran, prometía desde el inicio un abanico de historias más amplias y arriesgadas que lo que se había visto en el pasado. Gunn lo explicó con claridad: los cómics abarcan desde aventuras para niños hasta relatos de horror explícito, y el DCU debía reflejar esa diversidad. Sin embargo, en sus primeros pasos, el tono elegido ha sido más adulto de lo que muchos anticipaban.
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La segunda temporada de ‘Peacemaker’, estrenada en agosto de 2025, es quizá el ejemplo más contundente de esa estrategia. Con violencia gráfica, lenguaje vulgar y situaciones que dejan atrás cualquier intento de clasificación familiar, la serie muestra la dirección que Gunn parece querer consolidar. Esto plantea una pregunta inevitable: ¿puede un universo de superhéroes sostenerse a largo plazo si gran parte de su contenido excluye a niños y adolescentes, que tradicionalmente han sido parte importante del público?

Un DCU adulto desde su primera entrega
El arranque oficial del DCU llegó con ‘Creature Commandos’, una producción animada cargada de humor negro, violencia y escenas explícitas. La elección parecía lógica: Gunn, conocido por su estilo irreverente, buscaba marcar distancia con la etapa anterior de DC. Era, en cierto modo, una carta de presentación personal.
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Lo que pocos esperaban es que esa línea se mantuviera con tanta fuerza en los proyectos posteriores. ‘Peacemaker’ regresó sin suavizar su tono, mientras en el horizonte ya se anunciaban proyectos con una orientación similar. La serie ‘Lanterns’ ha sido comparada con ‘True Detective’ por su atmósfera sombría y detectivesca. Por otro lado, la película de ‘Clayface’ se prepara para llegar con clasificación R, lo que prácticamente la coloca fuera del alcance del público infantil.
Este patrón comienza a dibujar un DCU cuya identidad está muy lejos de la idea de un universo familiar que compita directamente con Marvel. Gunn parece estar apostando a diferenciarse con un enfoque adulto y, a su modo, más autoral.
La contradicción de Superman y Supergirl
En medio de esta tendencia, la gran excepción debía ser ‘Superman’, el título pensado como punto de entrada accesible para todos. La cinta dirigida y escrita por Gunn fue un éxito en taquilla y crítica, pero no estuvo exenta de polémica. Algunas escenas, como el asesinato a sangre fría cometido por Lex Luthor o el lenguaje altisonante de ciertos personajes secundarios, generaron incomodidad en sectores de la audiencia.
El caso de ‘Supergirl’ también resulta llamativo. Gunn ha asegurado que la película, programada para 2026, será mucho más cercana al espíritu familiar. Sin embargo, la primera aparición del personaje no pasó desapercibida: una heroína que, en su presentación, no dudó en insultar a Superman y que parece arrastrar problemas con el alcohol. Esa introducción deja dudas sobre cuánto puede suavizarse su historia sin traicionar la personalidad con la que fue mostrada al público.
Aquí surge la paradoja que atraviesa todo el proyecto de Gunn: ¿cómo construir un universo que combine relatos adultos con producciones supuestamente aptas para toda la familia, sin que se resienta la coherencia general?

El riesgo de perder público
El modelo que Gunn plantea tiene un atractivo claro para quienes buscan algo distinto al molde que domina en el género. La apuesta por personajes más complejos, diálogos irreverentes y situaciones extremas puede darle al DCU una personalidad propia y más cercana al espíritu caótico de ciertos cómics.
El problema es la audiencia. Mientras Marvel logró expandirse hasta convertirse en un fenómeno global apoyado en su capacidad para atraer tanto a niños como a adultos, el DCU corre el riesgo de cerrarse a un público más reducido. En una industria en la que la taquilla internacional y el número de suscriptores en plataformas pesan tanto como la crítica, limitar la accesibilidad puede significar perder terreno.
El ejemplo de ‘Superman’ es revelador: fue un éxito, sí, pero tal vez (repito: tal vez) con menos alcance del que pudo haber tenido si no estuviera marcado por momentos que restringen a los más jóvenes. La pregunta es si esa diferencia, multiplicada por varias producciones, no terminará pasando factura al proyecto entero.

El futuro del DCU está en manos del público
‘Peacemaker’ funciona como espejo de la visión de James Gunn: un universo con personajes excesivos, sin miedo a la incorrección política y dispuesto a explorar territorios que otras franquicias evitan. Eso puede ser un sello distintivo o una trampa.
Si la estrategia resulta, el DCU podría convertirse en un espacio único dentro del género, más libre y menos dependiente de los moldes familiares. Si falla, el precio será alto: la pérdida de la audiencia más amplia y, con ella, la viabilidad de un proyecto que apenas comienza.
Por ahora, Gunn sigue confiando en que la calidad y la autenticidad bastarán para mantener al público. El tiempo dirá si un universo de superhéroes pensado en gran parte para adultos puede sobrevivir en una industria que siempre ha contado con niños en primera fila.
Este artículo está libremente inspirado en el artículo “Will People Accept James Gunn’s DCU if It’s So Heavily Adult?”, publicado en Pajiba.
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