Gracias a cintas como ‘Diamantes en bruto’ y ‘Good Time: viviendo al límite’, Josh Safdie se ha consolidado como uno de los directores más interesantes del cine actual. Luego de trabajar con su hermano Benny, el realizador se embarcó en un viaje en solitario para hacer la película más ambiciosa de su carrera hasta ahora: ‘Marty Supreme’, protagonizada por Timothée Chalamet.
El cineasta conserva su estilo intenso y con personajes que llegan al límite, pero con un enfoque diferente: hacer cine de gran escala con el respaldo de A24. Esto implicó enfrentarse a nuevos desafíos de los que Safdie habló recientemente para revelar cómo nació ‘Marty Supreme’, lo complicado que fue recrear su mundo de época y la importancia que tuvo Chalamet para hacer realidad la cinta.
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Josh Safdie y los orígenes de ‘Marty Supreme’
‘Marty Supreme’ nació del deseo de Josh Safdie por hacer cine en solitario y de mayor escala respecto a sus anteriores proyectos. Su pasión por el ping-pong también fue un motor para hacer realidad la cinta, pues su viaje inició cuando Sara Rossein, su esposa, le dio un libro escrito por Marty Reisman, figura del deporte que inspiró el proyecto.
En declaraciones para ‘The Hollywood Reporter’, Safdie reconoció que fue complicado convencer a Ronald Bronstein, guionista con el que ha trabajado durante años, de crear ‘Marty Supreme’. Implicaba hacer una película de época, con un mayor presupuesto y sobre una figura deportiva.
El realizador no quería hacer una biografía tradicional, sino usar la historia de Marty Reisman como excusa para ofrecer una gran película ambientada en el Nueva York de los años 50. Para Safdie no era un mundo ajeno, pues había crecido escuchando historias sobre esa época y jugando tenis de mesa, así que la película también funcionó como una forma de conectar con ese pasado.

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Los retos de recrear el Nueva York de 1952
Una vez que Safdie convenció a Ronald Bronstein de embarcarse en el proyecto, el desafío más complejo de ‘Marty Supreme’ fue recrear el Nueva York de la década de 1950. Los creativos describieron el proceso como intenso y caótico, porque el barrio del Lower East Side que aparecía en la película había cambiado radicalmente desde entonces.
El proceso creativo implicó convertir cada calle y fachada para darle a la cinta la precisión histórica que necesitaba. Se evitó cualquier elemento moderno que rompiera con la ilusión de la época. Para lograrlo, Safdie contó con la experiencia del diseñador de producción Jack Fisk, quien construyó fachadas modulares y reconfiguró manzanas enteras para que parecieran auténticas de los años 50.

Cada detalle, desde las tiendas hasta los letreros, fue cuidadosamente planeado. Incluso la zapatería familiar de Marty tuvieron que ser reconstruidas prácticamente desde cero. La diseñadora Miyako Bellizzi creó prendas para representar a 16 países diferentes, mientras que Jennifer Venditti seleccionó personalmente a muchos de los extras para que cada rostro aportara realismo.
Safdie y su equipo se esforzaron para que, a pesar de tener un buen presupuesto, la película conservara la sensación de “cine de la vida real”. La idea era hacer que ‘Marty Supreme’ se sintiera como una película que respira por sí misma y no como una simple recreación de una época del pasado.
Timothée Chalamet y el ping-pong
Timothée Chalamet es el centro de ‘Marty Supreme’. El joven actor interpreta a Marty Mauser, un joven que hará lo imposible por convertirse en la estrella más grande del ping-pong. Chalamet conectó de inmediato con el personaje, sobre todo por la relación de ambos con Nueva York y el deseo de trabajar con Safdie.
“Todos sabían lo especial que era tener la oportunidad de trabajar en una película original con un director brillante en la cima de su talento. Josh tiene una concentración excepcional y es una de las personas más brillantes y detallistas con las que he trabajado. Es tan apasionado como Marty Mauser”.
La preparación del actor fue muy intensa, pues pasó años entrenando con atletas de alto rendimiento y expertos en el deporte. Por su lado, Safdie y Darius Khondji, el director de fotografía, estudiaron miles de horas de material real para coreografiar cada punto, cada movimiento y cada reacción.
“Esas secuencias fueron escritas a la perfección… Es como una preparación excesiva en un grado hiperbólico. Es muy parecido a tocar una canción en una película. Teníamos entre 50 y 100 secuencias reales, hay un ritmo real en eso, un arte real, porque mucho de eso era práctico y mucho es CGI donde colocaron la pelota”.
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