Guillermo del Toro revela que no hace pruebas de audiencia y confía sus películas a sus ’16 amigos más brillantes’: ‘Son brutales’

Guillermo del Toro revela que no hace pruebas de audiencia y confía sus películas a sus ’16 amigos más brillantes’: ‘Son brutales’

Solo genios critican el trabajo en bruto del director mexicano

Por Sofía Torres el 4 enero, 2026

En nuestra bella industria obsesionada con las métricas, todavía existen cineastas que trabajan como si el cine fuera un acto de fe. Pero no fe ciega, más bien una confianza construida con los años, los errores asumidos y una relación artesanal con la obra. En ese territorio se mueven desde hace tiempo Guillermo del Toro y sus películas, el mexicano estrella del séptimo arte.

El director mexicano ha hablado muchas veces de monstruos y memoria, pero rara vez se detiene en explicar cómo toma decisiones creativas cuando una película está prácticamente terminada. Esa zona final del proceso suele ser donde los estudios meten mano y ajustan ritmos. Del Toro, sin embargo, opera con reglas propias y con un círculo muy reducido de confianza.

El ascenso de Guillermo del Toro en Hollywood

Desde sus primeros trabajos en México, el cine de Guillermo del Toro dejó claro que no buscaba agradar a todos, sino construir universos personales. Ese impulso lo llevó a cruzar fronteras, primero con dificultades, luego con un engrandecimiento que pocos cineastas latinoamericanos han alcanzado en Hollywood.

El laberinto del fauno y La forma del agua lo colocaron en un punto singular, el de un autor reconocido por la crítica y ganador del Oscar en una industria que prefiere consagrar fórmulas seguras. Del Toro nunca dejó de trabajar dentro del género fantástico, aun cuando ese terreno era visto como un riesgo comercial.

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Con el paso del tiempo su nombre se hizo sinónimo de identidad. Los estudios entendieron que contratarlo implicaba aceptar una visión cerrada, con decisiones que no se negocian tan fácil. Esa posición le dio margen para diseñar procesos creativos poco convencionales, incluso en las etapas donde otros directores suelen ceder.

Guillermo del Toro no hace pruebas de audiencia para sus películas

Las pruebas de audiencia, conocidas como test screenings, consisten en mostrar una versión preliminar de una película a espectadores seleccionados, recolectar opiniones, ajustar el montaje según reacciones específicas, entre otros detalles de importancia para los ejecutivos. En teoría sirven para detectar confusiones narrativas o problemas de ritmo. En la práctica, muchas veces terminan homogeneizando el resultado final.

En un nueva entrevista con Variety, Del Toro reveló que no utiliza el método de las pruebas de audiencia. En lugar de proyectar sus películas ante desconocidos, las comparte con un grupo muy reducido de colegas. Él mismo explicó que confía sus cortes finales a alrededor de dieciséis amigos cineastas, con quienes tiene un acuerdo explícito: la honestidad absoluta.

“Tenemos un acuerdo para ser brutales”, dijo el director al hablar de este proceso. Si alguien dentro de ese círculo señala un problema, del Toro actúa en consecuencia, aunque la escena le resulte valiosa en lo personal.

Un ejemplo concreto ocurrió durante el montaje de Frankenstein. El director reveló que eliminó una secuencia de siete minutos que James Cameron consideraba hermosa, pero que aun así debía desaparecer. La belleza en ese caso no justificaba su permanencia dentro del conjunto:

“Cuando alguien me da una nota que entra dentro de ese círculo, la tomo en cuenta y la aplico… No puedes invitar a personas en las que confías y luego dejar de confiar en ellas.”

¿Quiénes son los 16 amigos más brillantes de Guillermo?

Del Toro no ha revelado la lista completa de ese grupo, pero sí mencionó algunos nombres que dan una idea de la exigencia del círculo. Entre ellos se encuentran James Cameron, Alfonso Cuarón, Steven Spielberg, Rian Johnson y Alejandro González Iñárritu.

Lo que los une no es un estilo común, sino la experiencia. Cada uno lidió con producciones complejas y con decisiones sin soluciones fáciles. Para del Toro ese bagaje es más valioso que cualquier muestra estadística.

Por qué Guillermo del Toro no hace películas en México

El director ha explicado en varias ocasiones que su salida del país no fue solo un movimiento profesional. Uno de los episodios más determinantes ocurrió cuando su padre fue secuestrado, una experiencia que marcó su relación con el entorno y con la posibilidad de trabajar con tranquilidad.

A esto se suma una industria nacional que durante años mostró poco interés en el cine fantástico. Del Toro encontró apoyo temprano para otros tipos de historias, pero no para aquellas pobladas de mitologías que escapaban al realismo dominante. Su cine no encajaba en los esquemas de financiamiento disponibles en ese momento.

Pese a todo, el director mantiene una relación cercana con el talento mexicano. Su trabajo fuera del país no trata sobre rechazo, sino de una respuesta a condiciones que no permitían desarrollar su visión con libertad.

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