La industria reconoce a Guillermo del Toro como uno de los cineastas más influyentes de la actualidad, pero su trayectoria no ha sido sencilla. Ha caminado un largo camino lleno de obstáculos, proyectos frustrados y años de espera para concretar historias que lo obsesionaron desde su infancia. Por ello, el realizador mexicano está en contra de la idealización de los cineastas y su trabajo.
Durante una charla con el actor Bradley Cooper —con quien trabajó en ‘El callejón de las almas perdidas’—, Del Toro rechazó la etiqueta de “visionario” que suele acompañar a los grandes directores. Desde su perspectiva, el cine es un oficio que demanda trabajo duro, disciplina y colaboración, no simple inspiración.
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Guillermo del Toro y su concepción de cineasta
En diversa entrevistas y clases magistrales, Guillermo del Toro ha definido su concepción de cineasta. El mexicano considera que un realizador debe ser “voraz”, en el sentido de entregarse por completo a cada uno de sus proyectos, tal como si fuera el último. En sus consejos a jóvenes cineastas, recomienda tener una pasión desmedida por el cine, pues solo de esta forma se encontrará un camino y un lenguaje únicos.
El mexicano cree que la originalidad solo es posible si el creador trabaja con sus propias vivencias y las transforma en algo que valga la pena ver. Acepta que el reto puede ser incómodo, pues implica mirar hacia los aspectos más vulnerables de la propia vida y convertirlos en materia narrativa.
“El deber primordial es saber el idioma de ese medio. En los últimos 20 años, hay un vacío en el lenguaje enorme. Deben saber desde el principio del cine hasta ahora. La imagen es adjetivo y es verbo”.

Del Toro concibe la dirección como un oficio colectivo y artesanal. En sus palabras, un cineasta debe tener “la fragilidad de un poeta y la resistencia de un luchador”, porque el cine es un trabajo duro, constante y profundamente humano. El realizador suele recordar que es una carrera de trabajo constante, donde los resultados rara vez son inmediatos.
Por eso, asegura que lo único que los jóvenes necesitan escuchar de alguien experimentado es una invitación para hacer lo que aman. En su visión, el cine exige disciplina, una gran preparación y, sobre todo, trabajo duro.
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Guillermo del Toro contra la idea de visionario
El director mexicano, conocido por ‘Frankenstein’, ‘El Laberinto del Fauno’ y ‘La Forma del Agua’, se resiste a que lo llamen “visionario”. Durante una charla con Bradley Cooper (vía ‘Variety’), se opuso a idealizar a la figura del cineasta. Piensa que el término “visionario” romantiza el proceso creativo y lo aleja del verdadero esfuerzo que exige el oficio.
Del Toro subraya que ser cineasta implica mucho trabajo y un esfuerzo colectivo, donde cada decisión es clave. Considera importante recordar que hacer una película requiere buscar al elenco adecuado, tomar decisiones técnicas bajo presión, adaptarse a presupuestos ajustados y cumplir con un calendario bien definido.
“No es como si estuvieras en un sillón reclinable con alguien dándote uvas, diciendo: ‘Veo un castillo’ (…) Cuando la gente habla de visionarios cinematográficos, les digo: ‘Bueno, es trabajo duro y requiere equipo’. Hay que construirlo; hay que filmarlo con un objetivo específico. Hay que decidir entre una Steadicam o una cámara en mano. La decisión es la precisión”.

Del Toro añadió que el cineasta siempre debe adaptarse “a circunstancias imprevistas” y que debe tener la mirada atenta para identificar detalles que puedan “cambiarlo todo”. Como ejemplo, relató cómo Jacob Elordi tuvo problemas al usar lentes de contacto especiales en ‘Frankenstein’ para tener un aspecto más animal.
El actor logró colocarse uno, pero el segundo le causó dolor y no pudo usarlo. Lo que parecía un obstáculo técnico, Del Toro lo transformó en un recurso narrativo: decidió mantener la diferencia entre los ojos y aprovechar que el lente reflejaba la luz de manera distinta para representar la furia del personaje.
¿Cómo elige Del Toro sus próximas películas?
Durante la misma charla, Guillermo del Toro explicó que no selecciona sus películas por capricho ni por azar, sino por la posibilidad real de producirlas entre decenas de guiones escritos. Desde su perspectiva, un proyecto lo ha llevado a otro, pues considera que tuvo que hacer ‘El callejón de las almas perdidas’ para llegar a su visión de ‘Frankenstein’.
“He escrito 42 guiones; he hecho 13 películas. No es que dijera: ‘Oh, haré esa ahora’. Se trata de qué proyecto puedo producir”.
El mexicano confesó que el paso del tiempo también cambia su visión para sus proyectos más personales. En ‘Frankenstein’, refleja su experiencia como padre y sus miedos a repetir ciertos errores con sus hijos a lo largo de varias generaciones. Sin embargo, si hubiera hecho la película hace décadas, entonces se habría enfocado en la relación que tuvo con su padre cuando era niño.
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