La noticia de la muerte de Béla Tarr a sus 70 años sacudió al cine de autor con la fuerza de una tormenta persistente. Tarr no fue un creador complaciente, y cada una de sus películas alteró la forma de mirar el tiempo en la pantalla. Su cine no tenía prisa ni pedía concesiones; más bien exigía atención y resistencia, requisitos que hoy parecen cada vez más raros.
Para varias generaciones de cineastas y espectadores, Tarr representó una ética radical del acto cinematográfico. Filmó la espera, la fatiga, la contemplación, el silencio y el desgaste moral. Su desaparición deja una filmografía breve y un vacío en el murmullo nunca vano sobre qué puede ser el cine cuando se niega a obedecer la convención.
¿Cómo murió Béla Tarr?
El fallecimiento de Béla Tarr, nacido en Pécs, Hungría en 1955, ocurrió tras una larga y grave enfermedad en Budapest, de acuerdo con la confirmación hecha por el cineasta húngaro Bence Fliegauf, quien habló en nombre de la familia. La Academia Europea de Cine también publicó un texto de despedida en el que habló sobre la importancia histórica de su obra y la serenidad con la que el director enfrentó sus últimos años.

Aunque Tarr llevaba tiempo alejado del rodaje, nunca se retiró del pensamiento cinematográfico. Su salud no le impidió seguir dialogando con estudiantes, cineastas jóvenes y colegas, ni expresar con claridad sus posturas políticas y estéticas.
No te pierdas: Muerte de Victoria Jones, hija de Tommy Lee Jones: Esto es lo que se sabe hasta ahora
Vida y obra de Béla Tarr
Comenzó a filmar siendo adolescente y su primer largometraje, Family Nest, fue un hito dentro del cine socialista de su país. El cine de Tarr abordó la degradación moral y la desesperanza colectiva, además, fue un crítico del autoritarismo. Esa postura atravesó su obra y su vida pública.
A lo largo de nueve películas experimentales, Tarr construyó un lenguaje basado en planos secuencia extensos y una relación casi física con el tiempo. En Sátántangó, adaptación de la novela de László Krasznahorkai, Nobel de Literatura 2025, llevó ese método al extremo con una duración de más de siete horas que le dio otra cara al llamado slow cinema.
La película se sitúa en una mísera comunidad rural húngara que parece no conducir a ningún lugar. Tras la caída de un sistema colectivo que prometía orden y sentido, los habitantes sobreviven entre ruinas, atrapados en una rutina circular. La historia avanza siguiendo a varios personajes cuyas decisiones revelan su naturaleza humana.

Con El Caballo de Turín, estrenada en 2011, Béla observa la vida de un campesino y su hija en una granja azotada por la realidad. La película se acerca a su rutina mientras el mundo parece apagarse de manera gradual. Esta película no posee una trama tradicional, más bien examina el agotamiento de la voluntad humana. Con ella, Tarr se despidió para siempre de hacer cine y se dedicó a la enseñanza.
Reacciones a su muerte
La desaparición de Béla Tarr ya está generando reacciones. Uno de los mensajes más emotivos fue el del actor y cineasta Gael García Bernal, quien escribió en Instagram que con Tarr se va “una de las miradas más inquisitivas y febriles” que conoció, y que su ausencia deja menos puntos de vista honestos en el cine contemporáneo:
“Se lanzó al cosmos nuestro querido compañero Bela. Seguramente anda por ahí, cuestionándolo y contemplando su enormidad. Se ausenta, junto con él y su cigarro, una de las miradas más inquisitivas y febriles que he conocido a través de su cine y su persona. Parece que quedan menos puntos de vista con honestidad y que apelan a la mejor versión de nuestros argumentos. Te voy a extrañar mucho, Bela. Buen viaje por allá con los dioses del cine.”
Entérate: Muere Isiah Whitlock Jr., actor de ‘The Wire’ y ‘5 Sangres’, a los 71 años