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RESEÑA | Ghostbusters: El legado | Cazar el fantasma de un clásico

Reitman trata con cuidado los elementos más distintivos del filme, pero triunfa más bien al abordar ese cariño con honestidad.

A nadie le resulta una sorpresa que Hollywood use la nostalgia como carnada. Esa lógica de mercado que recicla para obtener ganancias no es nueva, ni siquiera de los últimos años, aunque es correcto que la prisa por revivir sagas ha retomado fuerza. No obstante, hay mejores formas que otras de apelar al cariño que el público siente por entregas del pasado y Ghostbusters: El legado - 88% lo consigue por la manera en la que atesora los elementos más distintivos del filme original y un abanico de personajes cuyo sentido del humor está equilibrado.

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Dirigida por Jason Reitman, hijo del director Ivan Reitman, quien realizó Los Cazafantasmas - 97%, Ghostbusters: El legado es la historia de Phoebe (Mckenna Grace), una niña con problemas sociales que, tras mudarse con su familia a la extraña granja que su distanciado abuelo les dejó, descubre que es la nieta de uno de los ahora casi olvidados caza fantasmas que alguna vez salvaron Nueva York. Cuando una serie de extraños sismos aterrorizan su nuevo hogar, será su deber llegar al fondo de esos misteriosos sucesos sobrenaturales.

Estar escéptico ante una secuela directa de este clásico ochentero no sería infundado, pero es una grata sorpresa que, pese a que sí apuesta por complacer a los fans de antaño, el filme de Reitman hace un esfuerzo por mantener el entusiasmo que hizo a la original tan reconocible, pero también configura un escenario y personajes totalmente nuevos que se sienten como un paso hacia adelante antes que como un vistazo por el retrovisor.

Lo que los fans del filme de la década de los años ochenta notarán de inmediato, es que el director apostó por mantener el aspecto de la saga, más la atinada mezcla de géneros: comedia, romance, terror y fantástico. Los efectos prácticos, los dispositivos, el estilo visual y la música están de regreso. Todo esto sería superficial, pero Ghostbusters: El legado - 88%, sin adelantar mucho, se acerca con sinceridad a su intención por recordar el pasado y, más importante todavía, busca reconectar con él. Esta es una gran diferencia que otras secuelas, reboots y remakes ignoran. En términos de nostalgia se siente muy similar a lo hecho por el pastiche de clásicos que al final del día es Stranger Things - 96%.

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Además es interesante notar que, para evadir el engolosinamiento nostálgico, la película equilibra su tono al crear un vaivén entre distintos estilos de comedia que se complementan uno al otro y se mantienen a raya. Por ejemplo, la de “pez fuera del agua” de Phoebe ante las convenciones sociales se intercala con el más bobo sentido del humor de personajes como el de Paul Rudd, su profesor y un fanboy de los cazafantasmas, el cual a su vez es ridiculizado por el más sarcástico estilo del personaje de Callie, la mamá de la protagonista interpretada por Carrie Coon.

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Este juego permite que Ghostbusters: El legado se salve de caer en momentos cursis o melosos, y evita que resulte totalmente cínica ante los más inverosímiles elementos de la trama. Este equilibrio es un mérito de Reitman, quien también co-escribió el guion, pues hay que tener una visión clara del timing para saber cuándo es momento de usar qué tipo de humor. El otro beneficio es que, al tener un abanico de géneros, es más fácil que el público disfrute de la historia dependiendo de cuál funciona mejor para cada uno de ellos.

Temáticamente, la película tiene coherencia con ese sentido de honesta búsqueda por reconectar con el pasado, antes que simplemente hacer referencia al mismo. Esto queda mejor ejemplificado por el arco de Phoebe, quien descubre que, al igual que su abuelo, tiene una pasión por la ciencia y que abrazar esa similitud entre ambos es la única manera en la que puede terminar su trabajo, encontrar su identidad y salvar a su ciudad. Más tarde, y de nuevo sin arruinarles ninguna sorpresa, el pasado responde a ese llamado para guiarla.

No es que Ghostbusters: El legado - 88% sea revolucionaria, pero sí se distingue de muchos otros intentos por reconstruir sagas en tanto que es cuidadosa de mantenerse como una historia propia sin atropellar la esencia de sus antecesoras. Si un fantasma es atrapado en esta secuela, se trata del espíritu de la original y en ese sentido la película es un cazafantasmas en sí. Quédense hasta el final, si le tienen mucho cariño al filme de 1984, Los Cazafantasmas - 97%, porque hay dos escenas post créditos que no van a querer perderse. Llega a cartelera a partir de este 18 de noviembre.

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