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RESEÑA: Minari | Una nueva visión del sueño americano

La película de Chung acierta al retratar cómo la aceptación y la pérdida de valores culturales a veces es lo que más impacta en una familia inmigrante.

El cine hollywoodense está repleto de películas que retratan la idea del sueño americano, esa concepción estadounidense de que sin importar de dónde vengas o cuál sea tu clase social, tu trabajo y esfuerzo te permitirá crecer y prosperar en términos materiales y con eso alcanzarás la felicidad. Ahora bien, la mayor parte de estos filmes suelen centrarse en un cierto tipo de familias o suelen ignorar las complicaciones o los sacrificios que acompañan el éxito en dicho país.

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Sin embargo, en su más reciente película, Minari - 100%, el director Lee Isaac Chung se inspira en su propia vida para contar la historia de una familia surcoreana que busca salir adelante en el Estados Unidos rural de la década de 1980. La cinta no solo retrata las complicaciones económicas, de oportunidades e incluso de salud a las que se enfrenta la familia, sino también los mismos conflictos que surgen entre sus miembros cuando tienen que empezar una vida muy lejos de su hogar y deben adaptarse a nuevas costumbres, formas de pensar e idioma.

Minari sigue a la familia Yi, conformada por los padres Monica (Yeri Han) y Jacob (Steven Yeun) y sus dos hijos Anne (Noel Cho) y David (Alan S. Kim). La cinta cuenta que debido a los sueños y aspiraciones del padre, la familia cambia su vida de la noche a la mañana, luego de trabajar durante algún tiempo en California separando pollos en criaderos, para mudarse a una zona rural de Arkansas con el propósito de abrir su propia granja para alcanzar el sueño americano.

La película a pesar de ser dirigida, escrita y producida por estadounidenses y aunque se centra en una familia que busca hacer una vida en este país, fue catalogada por distintas organizaciones fílmicas de Hollywood y ceremonias de premios como internacional, algo que recibió numerosas críticas, pues para muchos no hay cinta más estadounidense o que represente mejor lo que es ser ciudadano de este país que Minari - 100%.

Lo anterior es uno de los puntos más fuertes de la película de Chung, pues logra captar la esencia de Estados Unidos como un país de inmigrantes y de ‘minorías’, en el que prosperar requiere de sacrificios, trabajo, esfuerzo y a veces hasta de la pérdida de los valores culturales.

De manera inteligente y algo tramposa, el cineasta cuenta al espectador una historia de superación y esfuerzo, no solo en lo económico, sino también en el plano de la adaptación familiar. Y es que Minari comienza presentando las singularidades de cada uno de los miembros de la familia, así como sus diferencias: a Mónica y a Jacob, cuyo matrimonio se ha desgastado por los ideales soñadores de él y por la necesidad de estabilidad de ella, a Anne, la hija mayor que, aunque es una niña todavía, se muestra muy madura para su edad, y al pequeño David, un niño con un problema cardiaco que toda su vida ha estado en Estados Unidos y que solo conoce de Corea del Sur lo que su familia le cuenta.

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Mientras los Yi lidian con las complicaciones de salir adelante, empezando desde cero su negocio familiar en un lugar donde parece no haber nada, los padres deciden recibir a Soon-ja (Youn Yuh-jung), la abuela materna, en un intento por salvar su matrimonio y mantenerse unidos. No obstante, el personaje interpretado por Youn Yuh-jung, quien pinta como favorita para llevarse el Óscar como Mejor Actriz de Reparto luego de conseguir el BAFTA, llega a la familia y crea tensión entre los hijos, pues no es la abuela típica estadounidense, al menos así lo ve David, sino que es una mujer cariñosa, pero malhablada, que no cocina, pero juega y que apenas sabe algunas palabras en inglés.

Es así como Minari - 100% más allá de ser la crítica feroz al sueño americano, es un retrato íntimo de una familia surcoreano estadounidense que debe adaptarse a su vida en este país, mientras lidia con sus propias diferencias, las cuales se han incrementado gracias a la apropiación que cada uno de los miembros ha hecho de la cultura estadounidense: el lado soñador americano de Jacob está en conflicto constante con la parte práctica coreana de Monica, quien luego decide aceptar la parte religiosa del país y entra en conflicto con las creencias de su esposo, así como el lado irreverente de Soon-ja no va de acuerdo a la idea que David tiene de una abuela típica.

La película de Chung acierta al mostrar estos contrastes y al retratar como la aceptación y la pérdida de valores culturales a veces es lo que más impacta en una familia inmigrante. Sin embargo, en su intento por criticar la idea del sueño americano y por retratar problemáticas reales de todo lo que podría salir mal en el proceso, Minari se siente corta, pues en un principio parece que todo lo que podría salirles mal a los Yi les pasa y de un momento a otro todo se arregla, lo que refuerza la idea de que si te esfuerzas mucho, al final triunfarás.

Si se ignora lo tramposo de la situación anterior, así como la resolución final de los conflictos internos de la familia, que resulta poco coherente y apresurada, Minari - 100% es una cinta agradable, con una visión única, aunque comodina, del sueño americano, que está en su mejor momento cuando explora las diferencias entre los miembros de la familia Yi provocadas por su propia aceptación de los valores culturales de su nuevo hogar.

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