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RESEÑA: GLOW | Las luchadoras de Netflix regresan con un excelente tercer round

Dispuestas a patear traseros y ganarse la vida en Las Vegas, las luchadoras de Netflix regresan y en esta reseña les contamos qué tan bien lo hicieron

Que una película o serie que transcurre en Las Vegas decida no valerse de sus llamativos escenarios en exteriores y sus coloridas noches es extraño, pero GLOW - 80% nunca ha sido sinónimo de convencional. Con la Ciudad de las Luces como telón de fondo, retomamos la historia de las Bellas Chicas de la Lucha (Gorgeous Ladies of Wrestling o GLOW) que para el final de la segunda temporada viajaban a la ciudad para vivir una nueva experiencia al liderar su propio show en un popular casino del lugar.

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La ilusión, la ambición y las ganas de superarse están ahí, y el lugar es aprovechado para explorar la adicción a las apuestas de algunas de las protagonistas, pero lo que interesa -y demuestra- la serie es cómo el cambio afecta a los personajes y cómo siguen desarrollándose las historias de cada uno de ellos. Si algo ha caracterizado a la serie creada por Liz Flahive y Carly Mensch es que aunque tenga definidos dos personajes “principales” se toma todo el tiempo para impedir que alguien se quede atrás o que no tenga algo que merece ser contado.

Aunque las que más brillan son Ruth (Alison Brie, que por cierto debuta como directora en el episodio “Hollywood Homecoming”), que sigue buscando dar el golpe como actriz y Debbie (Betty Gilpin), que tiene claro su lugar como productora a costa de sacrificar su vida personal, se da voz a todos y retrata problemas reales con el que más de uno se sentirá identificado como la homosexualidad (sin sentirse como tema forzado), el derecho de querer siempre buscar las mejores oportunidades y la decisión de tener voz y voto sobre el propio cuerpo y el dilema de ser madre o poner el trabajo por encima de cualquier cosa.



La trama de la tercera temporada toca muchas cuestiones emocionales y por eso se ve menos festiva que las dos anteriores, pero no sacrifica nada en busca del equilibrio que ha sabido mantener y repite en los nuevos episodios. No hay que dejarse engañar porque la diversión sigue ahí, ya sea en el episodio de lucha temática de Navidad o en el que las chicas deciden intercambiar roles para tener un día diferente.

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La vida continúa dentro y fuera del ring pero esta vez es más personal que nunca. y cuando parecía que algunos encontraban la estabilidad, nos volvemos a encontrar con Sam Sylvia, el personaje errático interpretado por Marc Maron, que no deja ese particular comportamiento que lo caracteriza porque es parte de lo que define a la serie. Su vida llena de vaivenes queda más explicada e incluso, por ratos, llega a parecer más feliz que en cualquiera de los otros episodios.

Hay sorpresas como la aparición de Geena Davis en un personaje del que no se pudo ver tanto como quería porque no era algo que necesitara hacer la serie y también esa posibilidad de romance entre Sam y Ruth que, a pesar de que era obvio que al final iba a ocurrir algo entre ellos, da un paso importante pero también deja claro que en la vida no todo es color rosa.



GLOW - 80% es como es no solo por la destreza de sus creadoras y escritores, sino que es la hija espiritual de Orange Is the New Black - 80% por eso es que no se trata de una coincidencia que Jenji Kohan haga de productora ejecutiva de la ficción de las luchadoras que al fin y al cabo le deben tanto a las reclusas de Lichtfield. Ambas comparten ese elemento coral con un elenco muy diverso, manejan un gran estilo visual, son igual de relevantes y tienen ese toque diferencial cuando se trata de contar las historias y vivencias de un grupo de hombres y mujeres con el que cualquiera se podría identificar más allá del género. La ventaja del trabajo de Flahive y Mensch es que es una serie más ligera que anima al espectador a ver un episodio tras otro, pero que por más fácil de ver que sea no deja de abordar temas complejos.

La tercera temporada es quizás la mejor hasta ahora, es más intimista, es una gran lección de desarrollo de personajes que demuestra que no necesita exclusivamente de un ring para avanzar. Sin necesidad de insistir en el discurso, tomarse muy en serio o tratar de convertirse en una serie imprescindible, GLOW - 80% es un gran acierto y su tercera temporada es la prueba de que no necesita inflarse a sí misma de aspiraciones inalcanzables para ser completamente satisfactoria y maravillar.

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