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Tardes de Netflix: Always Be My Maybe, Black Mirror (T5) y Aggretsuko (T2)

Romance de juventud, el infierno de la tecnología y una pandita roja metalera son algunas de las opciones que encontrarán en la plataforma de streaming

Netflix continua en su constante búsqueda por consolidarse como una de las principales opciones de entretenimiento masivo en la actualidad con contenidos propios. En el caso que nos ocupa hoy tenemos una comedia romántica que busca hacer una diferencia en el saturado mercado de las historias rosas del corazón. Tenemos también el estreno de las nuevas temporadas de dos series: la pesadilla tecnológica del futuro cercano que es Black Mirror - 64% y Aggretsuko, la serie de animación que retrata con humor el mundo godín de los oficinistas de Japón y de todo el mundo.

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¿Necesitamos realmente otra comedia romántica más, solo porque esta es interpretada por asiáticos-americanos? ¿Puede Charlie Brooker sorprendernos una vez más con un reflejo de una realidad donde la tecnología nos domina? ¿Puede en verdad una serie animada de una pandita roja decirnos más sobre los dilemas del mundo laboral que docenas de series y películas live-action? La respuesta a esas y a otras preguntas que no hicieron a continuación. Como diría Jack el Destripador, vamos por partes:

Always Be My Maybe

Ali Wong y Randall Park, comediantes y actores generalmente confinados a roles secundarios en otras producciones, protagonizan y co-escriben esta historia de dos amigos de la infancia en camino a reencontrarse y re-enamorarse. El problema es que, a pesar de haber existido fuertes sentimientos de afecto en el pasado, las circunstancias y el ego los separó abruptamente en su juventud. En la actualidad ella es una reconocida chef, él es un músico frustrado que se quedó a vivir con su padre tras la muerte de su madre. El destino quiere que se vuelvan a encontrar, pero dependerá de ellos para que sus corazones se pueden reconciliar.

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Esta premisa es al menos la premisa de otra docena de series y películas de corte romántico. Wong y Park buscan separarse del resto con un sentido del humor acido y dinámico: frases y diálogos que van y vienen como duelo de tenis, cual si fuera una cinta de screwball de antaño. El problema es que Howard Hawks no dirigió esta cinta y Wong y Park tampoco son precisamente Katharine Hepburn y Cary Grant.

Por supuesto que sería muy pero muy injusto juzgar la cinta con una comparación de ese calibre. Me queda claro que las buenas intenciones rebosaron en el set y sin duda Wong y Park tienen su buena dosis de carisma. Sin embargo, esto no es suficiente para levantar un guión que tropieza en puntos clave. La relación entre los dos personajes esta basada enteramente en nostalgia, cuando estos se reencuentran no han tenido contacto alguno y además no tienen algo en común salvo recuerdos. Esto simplemente no es suficiente para justificar su romance. Sumémosle que las conclusiones a las que pretende llegar la cinta son en extremo cuestionables (un personaje cede en absolutamente todo para que la relación pueda funcionar). El sabor de la película en general es bastante agridulce, ni hablar que de momentos algunos chistes no pegan o quedan desfasados ante un timing cómico desigual.

¿Vale la pena verla? Si por una simple y sencilla razón: nuestro dios Keanu Reeves tiene un breve pero glorioso papel como una versión egocéntrica de sí mismo. Esta parte sin duda arranca las mayores risas y casi lo hace a uno desear que eso fuera toda la película.

Black Mirror - 64%

Empieza a quedar claro que Charlie Brooker, creador y guionista de Black Mirror, necesita con urgencia a un co-guionista que lo ayude a pulir sus ideas. De paso, a inyectar sangre nueva porque su serie de ciencia ficción inmediata definitivamente ya no es lo que era. Las ideas no solo se empiezan a repetir, sino que además el factor de sorpresa, de shock y de reflexión de las primeras temporadas ahora brilla por su ausencia.

Son tres los episodios de esta temporada: el primero gira en torno a un juego de realidad virtual que hace descubrir a su protagonista un lado de él que no conocía, el segundo habla sobre los riesgos de la adicción a redes sociales y el tercero es una aventura con una estrella de pop y un tamagochi en esteroides. En cuestión de propuesta los tres se sienten con un marcado Déjà vu a lo visto en anteriores (y mejores) episodios. En cuanto a guión, los tres empiezan fuerte para después perder tracción conforme se desarrollan las historias.

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Striking Vipers, el primer episodio, parece no decidirse si desea ser una reflexión sobre la sexualidad humana, sobre la adicción a los juegos de video o sobre nuestra necesidad de escapar de la realidad. Imagino que la idea es tocar un poco cada uno de estos aspectos pero hay detalles que no quedan claros o bien trabajados. Un juego de video donde las personajes pueden simular relaciones sexuales tendría a medio planeta conectado de forma indefinida. Seria una pandemia global que acapararía titulares en todos lados. A pesar de ello la trama jamás hace hincapié en este detalle tan importante, que un episodio de la primera temporada sí hubiera resaltado. El drama se mantiene a pequeña escala pero tampoco logra tener toda la fuerza que exige una historia sobre homosexualidad (San Junipero hizo esto mucho pero mucho mejor). Al final la resolución se antoja en exceso ambigua y hasta tibia para lo presentado.

En cuanto a los otros dos episodios, Smithereens es fácil de predecir y a pesar de lograr enganchar al principio culmina en un desenlace poco o nada satisfactorio. Además, queda la sensación de ser un comercial de “si maneja no use el celular” de una hora de duración demasiado glorificado. El tercer episodio, Rachel, Jack and Ashley Too, protagonizado por Miley Cyrus, parece ser una mezcla de muchas cosas que no terminan de cuajar. De momento se siente como un Perfect Blue - 72% “light” con su intento de crítica hacia la frivolidad de la música pop. Sin embargo, su desenlace encausado hacia escenas de acción y un rescate improbable lo vuelven un episodio más mundano y convencional. Esto bien pudo haber sido un episodio de otra serie de televisión, que durara menos y que por ende se complicara menos las cosas.

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Sería un error desechar a Brooker completamente, Bandersnatch pudo haber tenido también problemas de guión pero sin duda presentaba un concepto interesante y apegado a la mitología de la serie. Sin embargo, el querer hacer todo solo en cuanto a historias se refiere empieza a cobrarle cuota. Pareciera que la tecnología importa menos y menos en cada uno de estos episodios, mientras que el melodrama tibio e intermitente ha sido más favorecido. Lo que sea que venga a futuro de Black Mirror tendrá que ser en verdad fuera de este mundo, o la serie correrá el riesgo de volverse un producto más entre el mar de series que habitan Netflix.

Aggretsuko (temporada 2)

Podrá sonar increíble y hasta absurdo para algunos, pero una de las mejores series hoy por hoy es Aggretsuko. El personaje creado por la compañía Sanrio, creadores de Hello Kitty, habita en un mundo de oficinistas japoneses que a su vez hace eco en los miedos y ansiedades de oficinistas de todo el mundo. Con mucho humor, pero también con un guión bien trabajado, la segunda temporada de Aggretsuko logra cavar más profundo de lo que Always Be My Maybe y la quinta temporada de Black Mirror podrían aspirar.

Retsuko, la pandita roja, vuelve luego de una primera temporada en la que tuvo que lidiar con los chismes de oficina, con el cerdo (literal) de su jefe y con sus frustraciones de intentar llevar una vida adulta funcional. La segunda temporada aterriza con un nuevo compañero de labores, un millennial callado pero en extremo sensible a cualquier comentario adverso, a todas luces un comentario sobre el estereotipo del trabajador joven actual con cero tolerancia a la crítica. Retsuko tendrá que lidiar con esto, con los planes de su madre por encontrarle marido sí o sí y con un curso en una escuela de manejo donde conocerá a alguien que le moverá el tapete.

El universo oficinista de la serie y los personajes que se mueven en él es uno que cualquier godín de cualquier latitud del planeta podrá reconocer fácilmente. Nuestra empatía se mantiene con Retsuko, con sus dilemas ante el reto de sobrevivir el complicado mundo laboral y sus peculiares rituales. Si bien la serie repite algunas de las pautas de la anterior temporada también evita abusar del recurso cómico de las cantadas de Death Metal de la protagonista.

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El enfoque se mantiene en nuestra tierna heroína en su camino por encontrarse a si misma y entender que es lo que realmente necesita en su vida. El resto del reparto de personajes de la primera temporada regresa, más un par de nuevas figuras. Todos ellos perfectamente definidos en sus personalidades y es que la serie va más allá de donde llegarían otras. Al ver por encima del estereotipo, ya sea del cliché de la chismosa de la oficina o del jefe hermético, encontramos gran humanidad en estos personajes antropomórficos. La serie entretiene y hace reflexionar a cualquiera que ha vivido el tortuoso camino de los cubículos de oficina. Lograr el balance entre estas dos cosas es algo que difícilmente se puede encontrar en muchas otras series. Estamos ante una segunda temporada que se convierte en un deleite de principio a fin. Lo dicho: una de las mejores series que encontrarán en Netflix hoy por hoy.

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