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She-Ra y las Princesas del Poder | La princesa guerrera de Eternia volvió para quedarse

La princesa de armas tomar vuelve con una historia para las nuevas generaciones, cargada de todas las cosas buenas que el mundo merece

La princesa favorita de muchos llega con una serie cuya primera temporada está cargada de trece episodios animados al streaming, donde las relaciones personales, la magia, las peleas, las risas y los mensajes de aceptación y confianza sobre uno mismo están a la orden del día.

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Gracias a Netflix podemos disfrutar de She-Ra y las Princesas del Poder, donde revisitamos a la Adora de nuestra infancia que se conserva casi igual, solo que alejada de la hipersexualización del personaje en los ochenta. Ahora, en esta versión donde la plataforma de streaming une fuerzas con Mattel y DreamWorks, vemos su lado más poderoso gracias al ingenio de Noelle Stevenson, una jovensísima artista y escritora de cómics que cumple las funciones de creadora y showrunner de la serie.

Adora vuelve y no lo hace sola. La historia que nos regala Stevenson no se aleja de la original, pero sí se centra por completo en su protagonista, que cuenta con la voz de Aimee Carrero y su premisa es la misma: Adora es una huérfana criada en la Zona del Terror, en Hordak, donde es entrenada para ser capitana de su ejército; sin embargo, un día ella y su amiga Catra (AJ Michalka) deciden salir a los Bosques Susurrantes, donde Adora descubre una espada mágica que la convierte en una princesa guerrera con aires de semidiosa, llamada She-Ra.

Esta espada mágica es un artefacto que perteneció a los Primeros, y este objeto no es lo único que se cruza en su vida. Nuestra protagonista conoce a Glimmer (Karen Fukuhara) y Bow (Marcus Scribner), quienes, luego de una primera impresión llena de sospechas y traiciones, le abren la puerta a un mundo que ella jamás creyó que existía y gracias a este par se da cuenta que las cosas no son como se las habían contado.

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Con el descubrimiento de sus nuevos poderes y sus nuevos amigos, sus convicciones se ponen de cabeza. La huerfanita acogida por los hordianos, que tenía en Shadow Weaver (Lorraine Toussaint) una mentora, había vivido una vida llena de engaños al habérsele inculcado ideas erróneas desde pequeña, cosa que podemos comprobar cuando dice que las princesas son seres del mal que no sirven para nada. Esta y otras situaciones, a lo largo de la temporada, ayudan a desencadenar situaciones hilarantes que llegan de forma acertada.

She-Ra y las Princesas del Poder es bastante respetuosa en lo que se refiere a la concepción de la producción original. En la actual, los episodios forman un relato más complejo que actualiza los mitos de la década de los años 80. Los personajes y escenarios originales son recuperados y siguen el rediseño con el que se planteó lo nuevo de la princesa guerrera. Hay una mayor dimensionalidad en sus relatos y aunque sí son autoconclusivos, también forman parte de algo más grande. Sin olvidar que la serie apunta a los más jóvenes, estamos ante la historia de una heroína que busca su propio destino y, aunque su camino empiece con una traición hacia los suyos, estamos ante una gran aventura que está llena de fantasía de la buena.

La forma en la que Stevenson nos habla de diversidad tanto de apariencia como de carácter y moral hace que lo nuevo de She-Ra se sienta bastante especial. Si bien la mayoría de sus personajes son femeninos, ninguno de ellos es perfecto y la propia Adora, que es vista como una diosa por otros personajes, es la primera en admitir sus errores como el ser humano que es; porque es lo mejor que se puede hacer para que los más pequeños vean estas imágenes positivas.

Sus personajes, vistos de forma global, abarcan gran cantidad de personalidades y creencias y resulta fácil relacionarse con ellos. Gracias a estos planteamientos podemos olvidarnos de los estereotipos y complejos, siendo un gran acierto de la producción.

En cuanto a la puesta en escena, es inevitable comparar con Avatar: The Last Airbender y Steven Universe que parece un claro referente. La paleta de colores y los paisajes que vemos en la serie recuerdan también a muchos de los trabajos del ilustrador francés Moebius, aunque no pude evitar a cada segundo imaginar que el resultado de She-Ra bien podría ser parte de un cómic de Jen Bartel. Esta inspiración y el encanto de su estilo cartoon y su mitología -que comparte con He-Man- son otros de sus puntos fuertes.

Por otro lado, la animación no es nada del otro mundo y de hecho está algo “rústica” que le da un acabado un poco irregular. Es posible que esto sea algo que solo ocurra en la primera temporada y su segunda tanda de episodios tenga mayor presupuesto y sus detalles más pulidos, tal como pasó con Castlevania - 85%.

Como es de esperarse, esta fantasía de tintes diversos no tendrá total aceptación debido a que no faltará algún veterano de Eternia que diga que la nueva She-Ra es un insulto que acaba con la esencia del personaje, pero eso es cuestión de percepción. No quiero saber qué opinarán algunos cuando se enteren que los productores tienen pensado llevar a cabo una aparición del gemelo de la protagonista.

She-Ra y las Princesas del Poder es una serie que tiene un gran corazón, promete llegar lejos y cumple al entregar buen entretenimiento, una historia que logra encantarnos y mensajes positivos a través de sus personajes que harán que nos identifiquemos con ellos. El atractivo reboot de la princesa guerrera está lleno de chispa y estoy segura que nos acompañará por algunos años más. She-Ra regresó para quedarse.

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