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Extraordinario: La vida real vista desde el interior de un casco espacial

Aunque el filme de Chbosky es bienintencionado y emotivo, no consigue evitar caer en el lugar común de este tipo de historias que pretenden ser aleccionadoras y edificantes

Un penoso incidente experimentado en la vida real por Raquel Jaramillo Palacio -autora norteamericana de ascendencia colombiana-, daría origen a Wonder, novela infantil que toma su nombre (y buena parte de su inspiración) de la canción homónima escrita e interpretada por la cantante estadounidense Natalie Merchant.

La adaptación a la pantalla grande a cargo de Stephen Chbosky (mejor recordado por Las Ventajas de Ser Invisible - 85%, otra obra literaria llevada al cine), mantiene la premisa original: Auggie (como su familia le dice de cariño) se verá forzado a abandonar el microcosmos de un hogar pletórico de seguridad, amor y familiaridad, para explorar un universo nuevo y un tanto desconocido: el de la vida escolar. Y cuando es obligado a despojarse de un casco de astronauta que le encanta usar dentro y fuera de casa (último remanente de la protección hogareña), es cuando su verdadera odisea comienza.

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El libro se centra en August Pullman, un niño que, a causa de una enfermedad congénita, nace con severas deformidades en su cabeza y rostro, y atraviesa pasar por una larga cantidad de intervenciones quirúrgicas para obtener una apariencia lo más normal posible. Durante sus primeros años (mientras entraba y salía del quirófano), su educación básica corrió a cargo de su madre, y el chico vivió prácticamente confinado en el hogar. Pero al llegar al quinto grado, sus padres deciden que es el momento de que August abandone su burbuja protectora, se integre al mundo real ingresando a un colegio común y corriente, y se relacione con otros menores. Su experiencia frente a este hecho es el motor de la trama.

Chbosky echa mano de lo mejor de su oficio para contar la historia de un infante cuyo aspecto peculiar es motivo de burla, escarnio y hasta acoso por parte de algunos de sus compañeros, y de la condescendencia y lástima de otros. Pero gracias a su inteligencia, nobleza, perspicacia e ingenio, se gana la simpatía y los corazones de aquellos que se toman la molestia de acercarse a él y ver más allá de su discapacidad.

Para reforzar la sensación de encontrarse frente a un ser especial, el cineasta decide que la narración sea complementada con los diferentes puntos de vista de los personajes cercanos a Auggie: su madre, su hermana y sus (viejos y nuevos) amigos. De esa forma, orquesta un variado mosaico y convence al espectador de que -efectivamente- se encuentra ante a un ser extraordinario.

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En ese aspecto, el filme cumple con su función principal de conmover hasta las lágrimas. Y gran parte de este propósito lo consigue gracias a que el papel principal recae en el niño prodigio Jacob Tremblay (La Habitación - 94%, Burn Your Maps) quien logra transmitir a su personaje la simpatía y ternura necesarios para hacerlo irresistible. Y el guion no hace sino reforzar estos aspectos clave del personaje central.

Aunque Extraordinario - 85% (como fue titulada en español para México y Latinoamérica) se anota un par de puntos en lo que a narrativa cinematográfica se refiere, en lo tocante a su contenido y la sustancia del mismo es donde se queda corto de alcance: la gran fortaleza del filme (conmover al público) se revela también como su mayor flaqueza. Al tratar de mantener a toda costa el mensaje edificante, de tolerancia y (en general) su tono de corrección política, termina por tornarse un tanto aséptico y dejar de lado cualquier tema polémico o discordante con esta visión, como el conflicto de la hermana quien de alguna forma siente que sus padres han perdido el interés en ella a causa de la precaria condición de Auggie. O el modo en que el bullying ejercido por otro niño sobre el estelar es explicado como una consecuencia de los prejuicios de su madre que han contaminado al hijo, y que este último en el fondo no es malo.

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De hecho, la maldad en ese mundo parece no existir, y si se manifiesta es rápidamente evaporada por la magia emanada por el protagonista. Es decir, la realidad (con sus contrastes y asperezas) se amolda al mundo ideal del personaje, y no al revés. Al final, el caso espacial es puesto en la cabeza del espectador, haciendo que vea las cosas desde una óptica optimista, alegre y complaciente.

Irónicamente, Extraordinario no consigue hacer honor a su título, al no aventurarse a tratar de elevarse y alcanzar (como pretendía) las estrellas, y prefiere quedarse dando vueltas en una órbita más segura, más confortable, y menos arriesgada. Se conforma con ser un tierno y mediano feel-good movie y nada más.

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