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FICM 2017: Casa Caracol, Cuadros en la Oscuridad, Oso Polar, Sinvivir

Discreta y sin sorpresas, la competencia mexicana del FICM llega a su meridiano perfilando a Oso Polar como la película más visionaria hasta el momento

Una de las secciones principales del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) es la Competencia de Largometraje Mexicano que este año para su decimoquinta edición se encuentra integrada por siete películas de directores prácticamente emergentes que han mostrado previamente su talento en la realización ya sea a través de los cortometrajes (Jean-Marc Rousseau Ruiz) u óperas primas (Paula Markovitch / Natalia Beristáin). La contienda arrancó floja y con pocas sorpresas a pesar de que las propuestas tienen un marcado tono intimistas, un corte independiente y una tendencia muy personal.

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El común denominador que parece delimitar la sección mexicana en competencia del 15 FICM ha resaltado en propuestas con una intensión en la exploración formal, la economía de recursos y el juego con el lenguaje cinematográfico, sin embargo, en su mayoría no han conseguido unificar su elemento visual con su narrativa.

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Casa Caracol

Después de la misteriosa desaparición de su esposo, Sofía decide dejar atrás el ambiente urbano y mudarse a un pueblo de provincia. Es así como llega a Casa Caracol, un hostal en medio de la selva en San Luis Potosí. Allí, entre las noches de fiesta, Sofía (Rosalba García) se va adaptando a su nueva vida y conoce a Nico, de quien comienza a enamorarse. Desafortunadamente, la llegada de tres desconocidos alterará la tranquilidad del lugar.

El novel realizador franco-mexicano, Jean-Marc Rousseau Ruiz entrega una película fallida a pesar de sus intenciones por elaborar un fuerte contenido social a partir de un relato sobre la depresión, la pérdida y el reencuentro con uno mismo. Sumado a lo anterior, Casa Caracol muestra sus debilidades cuando inevitablemente pretende ser minimalista.

Cuadros en la Oscuridad

Marcos es un artista de 65 años que nunca ha podido exhibir sus pinturas. Trabaja en una gasolinera y tiene pensamientos amargos acerca del destino. Un día Luis, un joven ladrón de 13 años, entra en su casa creyéndola deshabitada. Luis es el único testigo de la obra de Marcos. Entre ambos surge una extraña amistad que les da nuevas respuestas acerca del arte y la vida.

Dirigida y escrita por la responsable de la galardonada El Premio, Paula Markovitch entrega una película muy personal que encuentra inspiración en la figura de su propio padre, el pintor Armando Markovitch, y su idea de hacer un homenaje a su legado artístico y al rescate de la memoria de todos aquellos que sufrieron del “insilio” durante la dictadura argentina. A pesar de que las intenciones de Paula son emotivamente incuestionables, resulta un tanto desalentador que la cinta no logre empatar la historia de dos parias emocionales y su injustificada lentitud narrativa. Cuadros en la Oscuridad es, pues, una película de momentos bien estructurados que reta al espectador a seguirle su ritmo.

Oso Polar

Heriberto le da un aventón a dos antiguos amigos de la primaria para ir a una reunión generacional al otro lado de la ciudad. Durante el trayecto, lleno de desperfectos, anécdotas y alcohol, Heri intenta reconectar con ellos, pero Flor y Trujillo van replicando la misma dinámica abusiva que tenían contra él de niños. Heri, que ya no es el mismo sumiso de antes, va a darles la sorpresa de sus vidas.

Oso Polar se ha colocado rápidamente como la propuesta mejor recibida del certamen al mismo tiempo que es la cinta más propositiva al ser filmada enteramente con un iPhone 5s. Protagonizada por Humberto Busto, Verónica Toussaint y Cristian Magaloni, Marcelo Tobar ha creado una cinta que justifica totalmente la captura de las imágenes a través de la cámara del smarphone ya que da cuenta de los momentos que estos tres amigos van capturando a lo largo de un viaje por carretera, de esta forma la intencionalidad del mensaje se va complementando con la serie de lecturas que el espectador puede trazar a partir de los videos que cada personaje decide grabar.

Sinvivir

Jairo ve invadida su intimidad cuando Hugo, su amigo que vive temporalmente con él, trae a la casa a su primo Moi, quien se ha intentado suicidar. Esta convivencia les hará entender el sentido o sinsentido de la vida.

La ópera prima de la española Anaïs Pareto Onghena tiene el gran mérito de animarse a hacer una exploración a la sensibilidad y depresión masculina contextualizada en el complicado trastorno del suicidio, temáticas que es tratada muy poco en la cinematografía tanto nacional como internacional. Traspasando apenas la hora y media de metraje, Sinvivir se siente poco eficaz debido a la irregularidad del desarrollo del arco dramático, mientras que los momentos de mayor intensidad están sembrados de forma muy dispar, aunque cuando llegan logran un impacto genuino. La película logra salvarse gracias a la potente actuación de sus protagonistas

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