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Películas del rock aclamadas por la crítica

Este género musical ha sido tema y centro de historias proverbiales en el cine. Aquí, un recuento por hitos del séptimo arte que se sacuden al compás de 4/4, conmiserados por guitarras eléctricas

Pasada la Segunda Guerra Mundial, la promesa de futuro resultó tan grande como la devastación sobre la que se apoltronó. Coronando la catástrofe: Guerra Fría en tanto fantasma de miedo para el mundo. Las aglomeraciones que trajo la Revolución Industrial del siglo XIX se intensificaron. Las ciudades vomitaban gente, fibra óptica, mascotas, televisores, cables, intolerancia, aparatos eléctricos, automóviles, contaminación y vapores de cloaca que infundieron en las venas el ardor a la juventud.

Sin embargo, a finales de la década de 1950, ese ardor era radioactivo.

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El rock vive un drama cíclico. Inicia como fervor popular y al mismo tiempo renuncia al entretenimiento público convencional. Un fenómeno del fin de la Modernidad que empuña fugacidad. Concluye la fama y su frivolidad a través de la celebración, pero también se define contracultura. (Un caso para la posteridad yace en el punk: The Ramones como ruptura chacotera, celebratoria; Sex Pistols como la brutalidad tensa, crítica, de la disidencia social. Maniqueísmo tangible desde The Beatles/Rolling Stones y en la década de 1990 revivido por Oasis/Blur en el britpop. Gloria y miseria afín a un espíritu de colegialas: los rockeros antagonizan primero entre ellos para probar que son más cool que los demás.)

Lo que hoy forma parte del pop —prohijado como lo conocemos por Paul McCartney y otros alegres amiguitos del británico— se pulió en Robert Johnson con su filosofía paupérrima de bajo mundo, perceptible en “Cross Road Blues”; en las ramplonerías callejeras de un Harmonica Frank con su “Rockin Chair Blues”; todo en línea hasta alcanzar al visionario Muddy Waters de “Mannish Boy”. Jerry Lee Lewis sorprendió con esas tamañas “Great Balls of Fire”. Los instrumentos se apoderaron poco a poco de inframundos nocturnos y baratos, amoratados de prostitutas, pecadores empedernidos y cínicos. Lugares como los que le gustaba visitar a Jesucristo, pero con algo nuevo: la guitarra eléctrica.

El rock se volvió estremecimiento: resistencia sonora al statu quo. Su único distintivo además de la guitarra eléctrica es un compás de 4/4 con verso-estribillo y otras lindezas de impura satisfacción. A eso suena la frescura, la inexperiencia, la energía, en cualquiera de sus variantes. La juventud comete suicidio antes de envejecer. Alegría y simplicidad dieron visos de celeridad con Bill Haley and the Haley’s Comets; incluso con el propio Bo Diddley. Cobra vigor, tesón, picardía y evidente sexualidad en Chuck Berry y Little Richard y, por supuesto, Elvis Presley, quien inauguró una nueva etapa con “That's Alright”. Suena, ahora sí, a todo aquello que los intelectuales negados al monóculo y/o el marxismo pregonaban sorda y monolíticamente. Pero, sobre todo (lo más importante): suena y huele a sudor —o espíritu adolescente, diría Kurt Cobain.

A veces sólo para echar desmadre, otras tantas para pulir el piso a punta de zapatazos, brincos y patadas: el rock sobrevive al combatirse a sí mismo, se muerde la cola, se lame las heridas y se vuelve a roer ad infinitum para restituir un fénix histérico que sucumbe y resucita a la velocidad del sonido.

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¿Qué tiene que decir el cine al respecto? Prácticamente todo. Hoy el rock figura como parte de la vida cotidiana. Como señala Charlie Gillett en The Sound of the City, la distancia que existía para los primeros rockeros entre la música de la década de 1950 y la de 1960 no es palpable para quienes nacimos después de 1960, pues el cine ha sido el principal catalizador de cada canción que los directores han empleado en sus historias.

Para celebrar al rock, en Tomatazos decidimos compilar algunas películas legendarias que todo amante de este fenómeno musical tiene que ver para comprenderlo. Al final de todo este recuento, les tenemos una lista de Spotify que esperamos disfruten sobremanera. Gocen.

A Hard Day's Night - 99%

En la primera posición, como era de esperarse, ladies and gentlemen: The Beatles! Pero no cierren los ojos, por favor. Se trata de una comedia británica escrita por Alun Owen y protagonizada por John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr cuando ser un Beatle equivalía entre las féminas a lo que hoy provoca One Direction —y no porque los escarabajos fueran guapos, sino por interesantes. La película fue dirigida por Richard Lester y montada como un documental ficticio, que describe un par de días en la vida del grupo. Probablemente la mayoría de los videoclips de las boy bands o rockeros enamorados de sí mismos que corrían perseguidos por sus fans, no existirían sin esta lindeza —que sirvió de base para las películas de, por ejemplo, Hombres G. Razón más para coronarlos como los rockeros que más hicieron por la cultura pop en la que hoy vivimos (no es baladí que Paul McCartney aparezca en una franquicia como Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar - 30%). Una frase irónica de la película que bien podría leerse con un guiño en la comisura del labio: “por una vez, intentemos portarnos como gente respetable. Sin causar líos, montar broncas ni hacer nada que me siente mal”. Peter Howell, aludiendo a la inmortalidad con un símil deshonrosamente agringado, arguyó: “Sobrevive a los años como un clásico animado de Disney”. No tan halagador, pero se agradece el resumen de su perseverancia en el tiempo.

Anvil: The Story of Anvil - 98%

Jamás el patetismo de envejecer sin estilo y la plena convicción de ser parte de un futuro que ya se fue, quedó tan bien plasmada en un documental de rockeros de principios de siglo XXI. Este es un documental de rock del 2008 sobre la historia de la agrupación canadiense de heavy metal Anvil. La película fue dirigida por Sacha Gervasi (antiguo fan de la banda), e incluye entrevistas con músicos como Slash, Tom Araya, Lemmy, Scott Ian y Lars Ulrich. Fílmicamente es un episodio destacable, no sólo por lo que cuenta, sino por la tensión casi gonza con la que se armó, sin evidenciar pretensiones de encumbrar a héroes. La película se lanzó en el Sundance Film Festival en enero del 2008, y ganó el premio de la audiencia el mismo año en el Sydney Film Festival, Los Angeles Film Festival y Galway International Film Festival. En el colmo de la aceptación del fracaso, hay un momento de lucidez en el que el Steve ‘Lips’ Kudlow, se revienta: “Todo en la gira fue drásticamente equivocado. Pero al menos hubo una gira para que saliera mal”. Colin Covert, de Minneapolis Star Tribune, atinó a apuntar de la película: "Es un afectivo retrato de artistas hambrientos por el aplauso del público, es tan divertido como la vida real”. Pero J. R. Jones, más agudo, descubrió otra cara de la moneda: “Gervasi ha dado con una verdad que no debemos hacer a un lado: la humanidad rockea”.

Once - 97%

El rock tiene un vínculo bastante peculiar con la balada, el folk y el country que no puede abandonar —así como una cercanía con el compositor que se gana unos pesos por tocar sus canciones en la calle. Aquí, el director, quien repetiría dosis en cuanto a temática en Empezar Otra Vez - 83%, hace gala de la intimidad y la amistad que la música construye al unir a dos espíritus derrotados que pueden conseguirlo todo sin necesidad del romance calentón al que Hollywood nos ha acostumbrado. Es un filme musical irlandés (no confundir con un musical: es una película con temática de música y donde cantan muchas canciones, pero más parece una película con videoclips noventeros incrustados) escrito y dirigido por John Carney. Fue rodada en Dublín y protagonizada por Glen Hansard (de la banda The Frames) y Markéta Irglová como músicos aficionados. La película obtuvo un premio Óscar a la mejor canción original (“Falling Slowly”). El manejo de la ternura y la manera en que ambos personajes se encuentran a sí mismos a través del otro, es indispensable para entender que el rock nace, sobre todo, de canalizar las pasiones a través del sonido. De manera puntual y directa, Jonathan Kiefer, de Sacramento News & Review, dijo: “Tiene un naturalismo peculiar, de baja fidelidad: el encanto del amor”. Steven D. Greydanus, de Decent Films Guide, explica: “A la vez delicada y áspera, melancólica y profundamente satisfactoria”.

¡Somos Lo Mejor! - 97%

El punk es para prenderse. Recuperar brío. Vomitar juventud. Vomitarle al público. Y esta es una película dramática sueca de 2013, dirigida por Lukas Moodysson —de hecho, fue adaptada de la novela gráfica Aldrig godnatt (Nunca buenas noches) por la esposa del director Coco Moodysson . Es una película sobre tres niñas adolescentes que en 1982, deciden formar una banda de punk, ese sonido que nació para vituperar un mundo de adultos acartonados. Bobo y Klara buscan participar en el espectáculo de talentos de su escuela, sin contar con instrumentos o conocimiento musical. Escriben una canción de odio a los deportes: “Hate sport”. Pero su ignorancia les impide progresar para conseguir un hit, así que le piden ayuda a Hedvig, compañera de la escuela, quien sabe tocar la guitarra acústica y es cristiana. Así, la introducen al mundo del punk. Le cortan el cabello. Y Hedvig, en recompensa, las sorprende tocando la canción “Sex Noll Två”. Las niñas, finalmente, consiguen una presentación y, sí, tienen que ver todo el viaje. En su conjunto, la película es adorable y furiosa. Dan ganas de subirse a cantar con ellas. Fue proyectada en la sección de Presentación Especial en el Toronto International Film Festival de 2013. Quién mejor que Peter Travers, de Rolling Stone, para decir “Una película explosivamente emocionante, con buen corazón pero con bastante estilo punk rock... ¡Somos Lo Mejor! es escandalosa, real, socialmente irresponsable y totalmente irresistible”.

Sing Street: Este es tu Momento - 96%

¿Recuerdan que les hablamos de Once más arriba? Pues John Carney se volvió a apuntar otro jonrón con esta película, que va más allá de las miserias adultas de Empezar otra Vez o Once para explorar la razón más creíble por la cual alguien iniciaría un periplo rockero durante la adolescencia: conquistar a las muchachitas y tener una excusa interesante que capture su atención. Sí, seamos honestos: también se hace por eso. Sing Street es una película musical irlandesa-británica-estadounidense-loquegusteaportarpresupuesto de 2016 que mantiene la temática común del director, pero enfocándose en personajes con mayor frescura y pasión por el futuro. Fue escrita, producida y dirigida por Carney. La película fue protagonizada por Lucy Boynton, Maria Doyle Kennedy, Jack Reynor, Kelly Thornton y Ferdia Walsh-Peelo. La película, como ya se decía al inicio de esta parrafada, trata de un niño que arma una banda con el fin de impresionar a una chica. Un clásico. Otro se vuelven deportistas, escriben poemitas, cuentos. Él se vuelve un rockero. Eso y las dificultades de vivir en la parte de la isla más golpeada por la economía —a lo que se suma una familia a punto de desmembrarse, con un hermano súper buena onda y culto que vive como perdedor— poco a poco definen su evolución musical. La película tuvo su estreno mundial en el Festival de Cine de Sundance en 2016. En la sección de “se-vale-soñar”, Fausto Ponce dice certeramente en su reseña para Proceso: “Una estupenda cinta que nos contacta con nuestro yo adolescente y esa energía y esos sueños que alguna vez nos hicieron pensar que podíamos conquistar al mundo”. Y en la sección “en-el-mejor-sentido-de-la-palabra”, Javier Ocaña, de El País, sentenció: “Intrascendente, a pesar de hablar de matonismo, paro, emigración y hasta pedofilia, pero profundamente pegadiza, Sing Street es esa canción que siempre funciona. Tres minutos de melodía poderosa. Hora y tres cuartos de película irresistible”.

End of the Century - 95%

Simplifiquemos. ¿Alguien vio Spider-Man: De Regreso a Casa - 92%? Perfecto. Sí, esa canción de The Ramones que zumba, todavía suena a algo juvenil, a ganas de agitar los brazos, brincar sin parar y cantar a gritos. Eso fueron The Ramones: ira pura, potencia directa, energía para gruñir y sonreír sin parar. Hacer de ese poder algo menos que nada, pero todo al mismo tiempo, es lo que heredaron. Esta película cuenta la historia de los Ramones desde sus inicios en Forest Hills, Queens y sus primeras actuaciones en el CBGB de Nueva York, hasta la entrada de la banda en el Salón de la Fama del Rock en 2002. Cuenta con entrevistas a Dee Dee Ramone, Johnny Ramone, Joey Ramone, Marky Ramone, C.J. Ramone, Tommy Ramone, Richie Ramone y Elvis Ramone, así como a personas cercanas a la banda, como Debbie Harry y Joe Strummer. Los cineastas primero trataron de hacer una película en 1994 para documentar el último año de carrera de la banda, pero se encontraron con dificultades para manejar el temperamento volátil de The Ramones. El retiro fue el momento propicio para conseguir algo. La versión final y completa de la película no apareció hasta febrero de 2004 la cual se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Berlín. Bruce Westbrook, de Houston Chronicle, sentenció: “Una mirada comprensiva a los pioneros del punk”; mientras que Chris Vognar de Dallas Morning News complementa con un poco más de precisión: “Una película que hace un excelente trabajo al explicar la importancia sin retocar sus debilidades”.

The Filth and the Fury - 95%

Si The Ramones eran los punk de colores para echar desmadre, Sex Pistols fue la contraparte amarguetas y extrema en decadencia anarquista —corte social demasiado clavada en la refutación del statu quo y menos en la diversión frenética (nunca será lo mismo ser punk británico que gringo). The Filth and the Fury es la segunda película que Julien Temple filmó sobre Sex Pistols. Su primer intento fue una pastosa y tópica The Great Rock ‘n’ Roll Swindle, 20 años atrás. Esta versión se apegó mucho a la versión de Malcom McLaren, el mánager. De manera paralela, The Filth and the Fury cuenta la historia desde el punto de vista de los miembros de la banda, aunque sin pretender ensuciar la imagen de adolescentes ripiosos (sólo aparecen como siluetas durante las entrevistas). El título de la película es una referencia a un titular que apareció en el periódico sensacionalista británico The Daily Mirror el 2 de diciembre de 1976, después de una entrevista en el programa de ITV Today presentado por Bill Grundy —título a su vez inspirado en la novela de William Faulkner , El sonido y la furia (plagio, de plagio, de plagio, pero bien aplicado, pues). Este documental muestra el triunfo, ocaso y desplome de Sex Pistols desde sus aperturas en Londres, hasta su separación en Winterland Ballroom de San Francisco. Temple sitúa la banda en su contexto histórico con la situación social de Gran Bretaña en la década de 1970 a través de imágenes de archivo. El enfoque, obviamente, es muy diferente al de End of the Century. Mientras que aquella película es más festiva, la pieza de Temple, la verdad, es deprimente. “Es mejor para los adolescentes más viejos, especialmente los fanáticos de Sex Pistols”, afirmó en su momento Nell Minow en Common Sense Media. Jason Clark fue más allá y aseguró en Matinee Magazine que es “una película deslumbrante y desafiante, se agarra de lleno con la oportunidad para hacer un documental con mucha vitalidad”.

This Is Spinal Tap - 95%

Sí, hay que decirlo. Incluso en las dos películas previamente citadas hay mucho de ceremonia. No es un tema vinculado al tratamiento del tema, pues el rock no se presta para ello. Es un vicio del género documental cuando trabaja con leyendas. Sobre todo cuando no tienes la magia de un gran hallazgo respaldándote, como en Buscando a Sugar Man - 94%. Por eso la ficción en esta película, se ha tomado la libertad de a) mofarse del género documental; b) de la cultura metalera y sus figuras icónicas. De ahí que en este lugar coloquemos con exceso de fanfarrias a una película esencialmente rockera y contrapunteada con la escena glam y metalera tan vívida en 1984, creada por el genial Rob Reiner. Está rodada como un falso documental, acerca de una banda de heavy metal creada por él y los actores del reparto —sí, ellos pusieron mucho de lo que vemos en los personajes. Sólo para darnos una idea de su relevancia y querencia entre los críticos (esos señores payasos pero necesarios para el cine): ocupa el puesto 48 de las 500 mejores películas de todos los tiempos según la revista Empire —de la que ya tenemos una versión en español, por cierto. Fue tal el éxito, que el grupo llegó a sacar discos, haciendo incluso giras. Sublime. Como ideado por un Borges con chamarra de cuero y hartas leperadas en su repertorio lexicográfico. Felix Vasquez Jr., de Cinema Crazed, dijo: “Consistente en su humorismo, con momentos brillantes para cada miembro del elenco”. Tim Brayton En Antagony & Ecstasy afirmó: “Regresar a Spinal Tap siempre trae consigo un pronunciado sentido del descubrimiento, una frescura poco común en las películas generalmente raras en la comedia”.

Escuela de Rock - 92%

El guitarrista Dewey Finn (interpretado por Jack Black, de Reyes del Rock - 54%) es un rockero vivaracho. Se hace llamar a sí mismo un insurrecto que va siempre en contra del sistema. Su irreverencia ya forma parte inalienable de su carácter. Además, es un fanático creyente en el poder del rock—faltaba más. Aficionado a arrojarse al público desde el escenario y a ejecutar solos de guitarra de 20 minutos, Dewey está decidido a llevar a su grupo rockero No Vacancy hasta la victoria final en la versión local de Batalla de Bandas. Sin embargo, sus compañeros de grupo lo echan por prángana y cremoso. Desesperado, sin dinero para pagar el alquiler, toma un puesto como profesor sustituto en la escuela primaria de Horace Green. Aunque no sabe dar clases, sabe ganarse la confianza y el afecto de sus estudiantes, con los que se confabula para armar un proyecto de rock escolar que tiene como fin ganar la Batalla de Bandas. Y sí, con un argumento tan bobo, la película termina como una poderosa crítica al estilo de vida chavoruco de adolescencia perpetua e injustificada. La conclusión es una optimista y nada descabellada oportunidad para quienes jamás se apuntarán un triunfo entre los famosos: el papel de mentor de quienes sí tienen el talento y un futuro promisorio por delante —sin ofender, por supuesto. Es decir: no ignora el fracaso, lo abraza; no lo pretende poco dramático, sino que lo canaliza no en algo "productivo" (dejen de relamerse los bigotes, moralinos), sino vital. Aquí vivir de glorias ajenas no es arribista, sino necesario para una generación que ya no tiene cabida en esta época. El fracasado es un pivote para crear cosas nuevas a través de los jóvenes. En su lanzamiento, David Ansen dijo para Newsweek: “Escuela de Rock me hizo reír más que cualquier película que he visto este año”. David Edelstein le hizo segunda en Slate: “Escuela de Rock es completa felicidad”.

Hedwig and the Angry Inch - 92%

El rock en tanto fenómeno del bajo mundo, el underground y la contracultura, tiene una relación directa con la liberación sexual. Es la voz de las minorías dirigida a las masas, para su beneplácito e incomodidad. No extraña en absoluto, sino que parece consistente con su esencia iconoclasta, que la transexualidad sea un elemento esencial a ciertos ídolos del rock. Y justo Hedwig and the Angry Inch (una de mis películas favoritas en cuanto a rock se refiere) es un musical de comedia dramática, basado en una banda de rock ficticia con el mismo nombre, liderada por un cantante transgénero de Alemania del Este, quien sobrevive a una vaginoplastia clandestina y mal ejecutada. Uno de los momentos más poderosos dentro de la mitología ficticia del rock (desde las secuencias de toquines en bares y con público masivo hasta las de maquillaje y despojo de la peluca), con uno de los personajes más memorables de la pantalla grande —que recientemente Neil Patrick Harris representó en un musical de Broadway homónimo. El personaje establece una relación con un hombre joven llamado Tommy. Se vuelve su mentor y colaborador musical; pero Tommy, sólo acepta esa relación con el fin de sustraer la música de Hedwig. Tommy sí se presenta como un arribista de lo peorcito, mientras la película muestra a Hedwig and the Angry Inch, la banda, como una molestia severa para el ascenso de Tommy. A lo largo de la pieza se explora el pasado de Hedwig y su identidad de género. Hay, sí, mucho drama, no tragedia. John Cameron Mitchell adaptó, dirigió y protagonizó la película, con una interpretación tremenda que alcanza puntos de dolor dignos de aplauso. La música y las letras fueron creadas por Stephen Trask (recomendación personal: escuchen el tema que da nombre a la película, por favor, gozarán un buen rato). En 2001, la película ganó el premio a mejor director en el Sundance Film Festival. Mitchell recibió también un Globo de Oro por la nominación a mejor actor y el premio de la actuación del año otorgado por la revista Premiere. Rene Rodriguez acotó para Miami Herald: “Hedwig es una heroína, perfecta para esta extraña, vívida y dinámica película”. Terry Lawson agregó en su reseña para Detroit Free Press: “Una película que sin burlarse de la visión del género, simboliza la libertad y expresión personal”.

New York Doll - 90%

Formar parte de la historia del rock no pinta tan imposible como parece. Más sorprendente para muchos puede ser que esas admiradas leyendas renieguen de un pasado con tanta gloria como maquillaje, muy en la línea de Hedwig, por cierto. Este documental, en ese sentido, resulta en una estremecedora posibilidad para quienes decidieron desistir. No todo se quedan con ganas de lanzarse en paracaídas después de sobrevivir a la furia que requiere sacudir al mundo. La película se centra en la historia de uno de los miembros de The New York Dolls, Arthur “Killer” Kane. La película narra las aventuras de la banda desde su formación en 1972, a través de sus problemas con drogas y la muerte de varios miembros. El foco central de la película, sin embargo, es la vida de Arthur después de la conversión a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días después de luchas con el alcoholismo, el abuso de drogas, un intento de suicidio y una paliza con un bate de béisbol que, contrario a lo que se creía popularmente (endiosar es cosa natural entre fanáticos), no ocurrió durante los disturbios de Rodney King, pero, oh calamidad, sí es verdad en cuanto a que lo dejó cerca de la muerte. Como Kane lucha con la soledad y la pobreza, descubre que tendrá una vez más una oportunidad de actuar con The New York Dolls en Londres. Después de superar sus diferencias con el ex miembro de la banda David Johansen, Kane tiene un rendimiento exitoso. A su regreso a Los Ángeles, Kane contempla viajar con los Dolls reunidos, pero los planes son cortados por su muerte inesperada debido a una leucemia. La película cuenta con entrevistas con Morrissey —quien organizó el show de la reunión—, así como otros artistas como Chrissie Hynde y Bob Geldof. La crudeza del episodio sólo es equiparable con la vitalidad con la que el recuerdo de la banda y su fuerza para arrancar alaridos al punk, cimbraron a sus coevos. No sin cierta decepción pero con un suspiro profundo, Doris Toumarkine de Film Journal International dijo que: “Triunfa al contar la historia extraordinaria de un hombre extrañamente ordinario”. Shawn Levy en Oregonian complementa: “Los detalles, las personalidades y el giro final te agarran hasta que te dejan sacudido e inspirado”.

Sid y Nancy - 92%

Bueno, y en cuanto al tema de la mitificación… honestamente, Sid Vicious es quien menos lo merece. Un criminal ataviado con el look que un modisto concibió como punk, que sí, fue icónico por muchas otras cosas, menos por sus actos demenciales. Al final, él mismo se condujo gradualmente a la muerte por tan severas decisiones. Más allá de eso, Sid y Nancy es una biopic dirigida por Alex Cox y protagonizada por Gary Oldman y Chloe Webb con momentos lúcidos y exigentes en materia actoral que recrean con fervor la escena punk. El filme retrata la vida del miembro de Sex Pistols, Sid Vicious, y su relación con su admiradora y luego pareja de vida y muerte Nancy Spungen. El profesionalismo de Oldman, palpable en su interpretación, lo llevó a terrenos peligrosos. Para la película el actor perdió peso. Representar el papel de Sid Vicious lo requería, sin duda. Pero tuvo que ser hospitalizado brevemente cuando perdió demasiado peso. La historia arranca con la tragedia que signó a la pareja. Luego capitula hasta 1977, cuando Sid y Johnny Rotten conocieron a Nancy, una adicta a la heroína que había acudido a Londres a acostarse con los Sex Pistols. Sid la despide tras el acostón, ya que sus intenciones sexuales son obvias, pero empieza a salir con ella más tarde. Misóginamente, en un afán por mantener el endiosamiento en la figura de Vicious, Nancy es presentada como la Eva que le induce las drogas duras al bajista mediocre que es Sid. Los dos se enamoran profundamente, pero su relación autodestructiva frustra la cohesión entre Sid y el resto de la banda, que eventualmente se separa el 17 de enero de 1978, en medio de una desastrosa gira por Estados Unidos. Nancy Spungen fue hallada muerta en el baño y sentada con la cabeza hacia abajo contra la pared, a diferencia de la película, donde se derrumba agonizante en medio del piso del baño. El autor de semejante atrocidad, perpetrada a punta de cuchillo, fue el propio Sid Vicious. La película lo pinta como una víctima de las drogas y de mantenerse en una relación destructiva por amor. A pesar del claro sesgo, la película está excelentemente filmada, con congruencia de principio a fin. El crítico Ken Hanke de Mountain Xpress, la calificó como “una excéntrica y brillante película biográfica”. Rita Kempley añade para Washington Post: “aunque oscura y angustiosa, explícita e implacable, la película demuestra una biografía fascinante de estos íconos y su figura iconoclasta por media década”.

Casi Famosos - 88%

La presencia de adolescentes es importante para devolver frescura a momentos cumbre sin idealizar ni satanizar lo que ya de por sí es difícil en la vida. Casi Famosos es una película escrita y dirigida por Cameron Crowe, mostrando la historia ficticia de William, un reportero adolescente que se empeña en escribir sobre el mundo de la música desde dentro. Gracias a un encargo de la revista Rolling Stone podrá seguir la gira del grupo Stillwater, lo que le dará también la ocasión de enamorarse de una preciosa admiradora de la banda, Penny Lane. El film es semi-autobiográfico, ya que Crowe sí escribió para la revista Rolling Stone siendo adolescente. La película se basa en sus experiencias en giras con The Allman Brothers Band, The Eagles o Led Zeppelin. En un artículo de Rolling Stone también contó cómo perdió su virginidad, se enamoró y conoció a sus héroes. Nada que la película no recupere por medio de la ficción —que, por otro lado, no es sino una lectura de la realidad. Aunque las referencias a Led Zeppelin son vastas —la escena en la que el protagonista se tira del tejado de la casa a la piscina, popularmente se le atribuye a Robert Plant—, los expertos apuntan a The Allman Brothers como la principal fuente de inspiración. “Cameron Crowe siempre se atreve a poner su corazón en todas las cosas que hace. Y en esta película incluso está con la banda”, dijo Peter Travers de Rolling Stone. Roger Ebert para el Chicago Sun-Times la consideró una “hermosa película. Me abracé a mí mismo cuando la vi”.

The Commitments - 88%

La identificación con las minorías es fundamental en la mitología del rock. La discriminación, sea racial, de clase, preferencia sexual, religiosa o de género, provoca una reacción entre quienes son víctimas de la intolerancia y los abusos. Por lo común, sedición y rabia en motines feroces son la consecuencia natural. Otra, puede ser la música. En esta película, cuando Jimmy Rabbitte (Robert Arkins) explica a sus amigos las razones para tocar soul —un género eminentemente de comunidades de color— en Dublín, responde: “Los irlandeses son los negros de Europa; los dublineses son los negros de Irlanda; los de Dublín Norte son los negros de Dublín”. Así, automáticamente crea un cimiento en común: las minorías maltratadas deben encontrar sonidos afines a sus circunstancias sociales. Los primeros ensayos son desorganizados, suenan horrible, nada funciona. Así que Jimmy busca un cantante y se topa con Deco. Finalmente se agregan tres chicas del vecindario (vamos, coristas a la gogó). La banda se nombra The Commitments y se presentan llenos de ilusión. Por supuesto, el éxito prometido se devasta gracias al caldo regular de la fama: sospechas, rivalidad, codicia, oportunismo, decepciones y caracteres que colisionan como grandes globos aerostáticos repletos de ego. Esta película de inicios de la década de 1990, dirigida por Alan Parker, está basada en la novela homónima de Roddy Doyle. Fue coprotagonizada por Robert Arkins, Johnny Murphy, Colm Meaney, Michael Aherne, Angeline Ball, Maria Doyle Kennedy, Dave Finnegan, Bronagh Gallagher, Félim Gormley, Glen Hansard, Dick Massey, Kenneth McCluskey, Andrew Strong, etcétera. La película mereció el Premio BAFTA 1992 a mejor dirección, mejor montaje, mejor producción y mejor guión. “Es una relajada y colorida creación, que se mantiene verdadera al comportamiento humano mientras respeta el poder unificador de la música. Totalmente irresistible”, alegó Brian Orndorf, de BrianOrndorf.com. Como un halago de los que sí valen a pesar de lo que piensan los fans de la superación personal, Richard Corliss, de TIME Magazine, señala: “El filme no ofrece un mensaje, no ofrece soluciones, solamente un gran rato en las películas”.

Control - 87%

Volvemos a un terreno pantanoso: ficción inspirada en hechos reales; una leyenda sometida a juicio de la lente, con una versión de los hechos en su parcialidad. Finalmente, el arte no es para decir verdades. La figura enigmática de Ian Curtis los transformó en un personaje hiriente de una cultura que pasó de la furia desatada a la depresión por la ira. En esta película, Anton Corbijn recrea con una plástica que intenta acercarse a la atmósfera del arte y la música de la década de 1970, en un blanco y negro que acentúa el hálito de pretensión y contraste del suburbio provinciano con los escenarios del rock tras el paso del punk. Dado que el director inició su trayectoria profesional como fotógrafo en 1972, acompañando más tarde a leyendas como Nirvana, Tom Waits o Joy Division —cercanía que lo hacía susceptible a sentirse con la autoridad para contar una versión de la historia, basada en las memorias Touching from a Distance escritas por Deborah Curtis, mujer y viuda de Ian Curtis. Lo interesante de esta película es que no muestra los excesos con la torpeza o esnobismo con que se habían abordado a otros iconos como Jim Morrison. Los dramas, los celos, las relaciones familiares y las infidelidades insoportables para el frágil espíritu de Curtis, hacen que su ascenso en tanto rockero consagrado no sea sino una excusa para adentrarse en su vida, su psicología y el modo en que su enfermedad, su carrera y su vida amorosa y familiar se confabularon para crear más relatos. La actuación del protagonista es excepcional, a consideración de los críticos. Andrea Gronvall, de Chicago Reader, dijo: “Sam Riley es fascinante como Curtis, un joven hipersensible limitado por su incurable enfermedad, y Samantha Morton hace un trabajo conmovedor como su esposa”. Richard Roeper, de Ebert & Roeper, afirma: “una película que perfectamente captura la esencia del legendario e influyente vocalista Ian Curtis, miembro de la banda Joy Division”.

El Mundo Según Wayne - 85%

La década de 1990 tuvo al nerd del rock como uno de sus iconos más preciados. Era un personaje que provenía directamente de los ochentas, pero enclavado en el nuevo mundo tecnológico que dependía de la bonanza materna o paterna que les permitiera vivir como chavorucos eternos. Wayne toca la guitarra y es, por supuesto, un amante del rock. Su mayor afición es conducir un programa juvenil independiente junto con su retraído y peculiar amigo Garth, baterista que también rockea durísimo. Junto a otros comparsas de la vida de soltero, arma un staff para su programa particularmente misceláneo. El pequeño ejército de ñoños bobos monta la producción en el sótano de una casa. El frijol en el arroz lo pone un capitalista productor de televisión que los topa y concluye que son ideales para publicitar una campaña de videojuegos. El desastre es inminente: el productor influye demasiado en la nueva tesitura del programa hasta que se vuelve un mero ardid comercial, no el divertimento libérrimo que los hacía felices. Los amigos se pelean, el malo quiere bajarle la novia al protagonista, etcétera. Lo realmente importante, es que vean completa la secuencia de Wayne y sus amigos cantando “Bohemian Rapsody”. David Nusair de Reel Film Reviews la define así: “Continúa siendo una de las mejores películas salidas de la mejor época de SNL”. Más lacónico y en la misma sintonía está Desson Thomson en su reseña para Washington Post, donde dijo: “llorarás, reirás e irás a casa pensando en la película”.

La Nueva Orden - 86%

La fascinación del rock como una historia digna de contarse se centra entre mediados de la década de 1960 y hasta 1985. Encontraremos muchas películas, cortometrajes, documentales y demás de leyendas afincadas en esa época. Por ello no extraña que buena parte de las películas que versan sobre el rock sean del siglo XXI que mira en retrospectiva su juventud. La historia comienza a finales de la década de 1970 cuando Tony Wilson, un presentador de noticias para Granada Television, insatisfecho con su trabajo como reportero de noticias, sale en busca de historias en deportes extremos, con uno de los argumentos más sofisticados que puedan repetirse: “Soy un periodista de mierda serio... fui a Cambridge”. Corte a: Wilson asiste a un concierto en junio de 1976 en el Mánchester Lesser Free Trade Hall de los Sex Pistols —sí, otra vez ellos. Sólo había cuarenta y dos personas, Wilson se percata del potencial de lo que pasa en ese momento. Básicamente, la película cuenta episodios de una comunidad de bandas musicales de la ciudad de Mánchester desde 1976 hasta principios de los noventa, y de Factory Records, la empresa productora de sus discos. Fue escrita por Frank Cottrell Boyce y dirigida por Michael Winterbottom. Sólo imagen el resto de este peregrinaje: como Wilson es presentador del programa musical So It Goes, se embarca en otro deporte extremo: emprender un negocio de producción de bandas. Por supuesto, inicia con conciertos de punk en un club de Mánchester. Durante la noche de apertura toca Joy Division y Wilson recibe por primera vez sexo oral de la que será más tarde su esposa. La película es un drama basado en una combinación de hechos tangibles, testimonios, rumores y (re)creaciones del autor. El filme participó en la selección oficial del Festival de Cannes de 2002. Eleanor Ringel Cater, de Atlanta Journal-Constitution, abrevió: “una verdadera fiesta, pero es difícil llevar un registro de los invitados”. Mientras que el difícil Roger Ebert admitió en el Chicago Sun-Times: “brilla con una locura amable e inspiradora”.

Deathgasm - 86%

El Consenso de Críticos que en Tomatazos equivale a un resumen de una lectura acuciosa de todas las reseñas compiladas, ventila que “Deathgasm se sumerge en las profundidades del gore grinhouse con la suficiente alegría vertiginosa para satisfacer a los entusiastas del género en busca de sustos”. Y sí: la fumada está a la altura del rock metalero. Para empezar, volvemos al hálito adolescente, lo cual es de aplaudirse. Mucho después de la muerte de su padre, la madre de Brodie está internada en un hospital psiquiátrico. El adolescente está obligado a trasladarse con su tío a Greypoint. El joven es fanático del heavy metal, lo que entra en conflicto con las creencias cristianas de su tío. Los únicos amigos de Brodie son dos geeks llamados Dion y Giles. Brodie simpatiza con otro metalero: Zakk. Así, Zakk, Brodie, Dion y Giles forman una banda de metal llamada Deathgasm. Zakk y Brodie hurtan a Rikki Daggers, una leyenda del rock, un álbum de registro. Cuando Brodie y Zakk intentan robar el álbum. Momentos después de que Zakk y Brodie se hayan ido, un hombre bien vestido entra en la casa y mata a Daggers. Parece ser parte de un culto que está buscando “The Black Hymn”, música medieval con el poder de convocar demonios. Todo lo demás, en efecto, es la cadena de tópicos del género. Hasta parece un poco fortuito que su calificación sea tan alta, pero allá los críticos. El South by Southwest de 2015 amó la película y, en realidad, sí funciona para pasar un momento cotorro sin otra intención que la de entender que el rock es un pacto con el mal difícil de controlar. “En medio de de las desenfrenadas palabras de cuatro letras y los ocasionales desnudos parciales hay buenos intentos de humor —algunos dulces, otros picantes”, señaló Anita Gates de The New York Times. Y con un juicio que simplifica lo que uno puede esperar. Noel Murray, de AV Club, escribe: “para todos aquellos dispuestos a ver la comedia de heavy metal de Nueva Zelanda llamada Deathgasm, aquí hay buenas noticias: La película es exactamente lo que promete ser”.

Los Hermanos Caradura - 87%

¿Más argumentos para admirar el trabajo de John Landis? Qué tal esta pieza. Si El Mundo Según Wayne es una joya enclavada en el humor de Saturday Night Live, Los Hermanos Caradura literalmente viene de un sketch de SNL. La historia es un relato de redención donde un convicto, Jake, y su hermano, Elwood, emprenden una “misión de Dios” para salvar de la ejecución hipotecaria el orfanato católico en el cual fueron criados. Para ello, deben reunir su banda de R&B —sí, ese sonido precursor del rock and roll— y organizar una actuación para ganar US$5,000 necesarios para pagar la factura del impuesto sobre la propiedad del orfanato. A lo largo del camino, son blanco de una destructiva “mujer misteriosa”, neonazis, y una banda country y occidental, mientras son continuamente perseguidos por la policía —enemigo número uno de estos pillos contraculturales y bribones. En Chicago, la fiesta de Belushi y el consumo de drogas causaron largos y costosos retrasos que, junto con las destructivas persecuciones de autos mostradas en pantalla, hicieron de la película final una de las comedias más caras jamás producidas. Cuenta con números musicales de rhythm and blues y soul hechos con la colaboración de los artistas James Brown, Cab Calloway, Aretha Franklin, Ray Charles y John Lee Hooker. Cuenta también con las actuaciones de otros actores fuera del ámbito musical como John Candy, Carrie Fisher, Charles Napier y Henry Gibson. Es, en esencia, una película rockera por su armado más que por su acabado; por su filosofía más que por su trama. No en balde Allan Hunter de plano comentó en Daily Express: “una historia larga y carente de disciplina que sustituye a la narrativa coherente con espectáculo y cameos estelares”. Pero de que es un clásico con espíritu rocker no cabe duda. Philip French lo manejó así en su reseña para Observer: “esta larga, expansiva película de culto de 1980 tiene la energía y la individualidad que le hace falta a películas similares hoy en día”.

Johnny & June: Pasión y Locura - 82%

El cantante que tiene una voz tan poderosa como una locomotora, lo definirían en alguna ocasión —que el cinéfilo atento encontrará fácilmente. Se trata de una biopic del cantante de música country que acompañó a la primera ola del rock and roll con el vigor que él podía aportar desde su trinchera. Hablamos, por supuesto, del gran Johnny Cash. La dirección, por supuesto, está a cargo de James Mangold, quien citó de manera proverbial a Cash para finalizar con la historia de Wolverine en la digna de aplausos Logan - 93%, con su versión de “The Man Comes Around”. La historia comienza en Arkansas, en la época de la Gran Depresión. John R. Cash, hijo de un aparcero, es descubierto como un talento arrollador cuya presencia escénica podría darle un giro al género. Tal portento en su voz no tardará en redituarle. El cantante realizó salvajes giras con Elvis Presley, Carl Perkins, Roy Orbison, Jerry Lee Lewis y Waylon Jennings, giras que culminan con su inolvidable concierto de 1968 en la Prisión de Folsom. Cash se convirtió en el artista más popular del momento, llegando a vender más discos que los Beatles —lo cual ya es mucho decir para aquellos años. En el Consenso de Críticos, leemos: “las mejores actuaciones y el canto autentico captura las sutilezas emocionales de la leyenda de Johnny Cash y su inevitable perdición con una originalidad que es un placer de ver”. De hecho, los dos protagonistas están de lujo. “Reese Witherspoon es una maravilla”, dijo Matt Pais en Metromix.com —y no aludiendo a su belleza, sino a sus capacidades histriónicas. “Lo que hicieron esta cinta funciona, y lo que últimamente le ganó la mayoría de su aclamación, fue el trabajo de los actores”, recalcó a su manera Kevin Carr para 7M Pictures. Y de eso no queda la menor duda: Joaquin Phoenix es el mejor Johnny Cash que un director podría haber pedido. Si ya vieron lo que hizo Mangold con esta película, entenderán por qué un cantante de country está en este listado donde se celebra el rock.

Rock 'n' Roll High School - 80%

Llegamos a un punto clave. Esta película es la reafirmación del relajo. La energía de la desidia y el juego de la disidencia. Otra vez estos punketos del demonio. Una película de comedia musical de 1979 producida por Roger Corman, dirigida por Allan Arkush. La película contó con el mismísimo grupo de punk rock The Ramones. La película se fija en 1980, ya a nada de iniciar la vinculación con el New Romantic. La secundaria de Vince Lombardi pierde a directores que sufren colapsos nerviosos debido al amor de los estudiantes al rock y su desprecio por la educación. Su líder, Riff Randell, es el fan número uno de The Ramones. Incluso espera en la fila durante tres días para conseguir entradas para ver a la banda, con la esperanza de conocer a Joey Ramone para que pueda darle una canción que escribió para la banda: “Rock ‘n’ Roll High School”. Y cuando la directora toma su ticket en represalia por su comportamiento, Riff y su mejor amiga Kate Rambeau tienen que encontrar otra forma de conocer a sus héroes de guitarrazos locos. El clásico de la época: ganar un concurso de radio. Cuando la señorita Togar y un grupo de padres tratan de quemar una pila de discos de rock, los estudiantes asumen el control de la escuela, unidos por el gusto por los Ramones. La policía es convocada y exige que los estudiantes evacuen el edificio, lo hacen, lo que conduce a un final explosivo —literal. “Su edición en mejor que su fotografía, lo cual significa que la película se mueve de forma rápida y energética, incluso cuando los conceptos y personajes se desintegran”, explicó Dave Kehr, de Chicago Reader. Y claro, John A. Nesbit, de Old School Reviews, reventó: “Tener a The Ramones la vuelve un triunfo”. Y vaya que tiene razón.

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