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Series que el mundo (ya) no necesita: Los Simpsons

Paren el planeta de Los Simpsons, me quiero bajar

Son ya 30 años desde que Los Simpsons debutaron en la televisión estadounidense, 30 años de ser la serie animada más exitosa en Occidente. Sin embargo, a esas 3 décadas fácilmente podríamos rebanar las 2 últimas y no se notaría la diferencia. Todos lo sabemos, la serie ha sido la sombra de lo que alguna vez fue desde hace varios años. Son múltiples factores los que han influido, pero se resumen en un principio básico: todo por servir se acaba. La serie dio lo que tenía que dar y sin embargo no hay señal de que vaya a finalizar en un futuro cercano.

Podrían citarse varios ejemplos del hundimiento de la serie: los personajes no sólo ya no son simpáticos, sino que se han convertido en un absoluto fastidio. Lo que era una familia que se quería a pesar de sus diferencias, se corrompió; la ingenuidad de Homero se convirtió en una estupidez ramplona, la neutralidad de Lisa en pedantería. El resto del reparto quedó seriamente desdibujado y con sus personalidades arrebatadas. A pesar del vasto repertorio de figuras que habitan Springfield, ya da lo mismo quién dijo qué, todos se volvieron seres genéricos e intercambiables al servicio de chistes estridentes y huecos.

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El abuso de cameos de celebridades, sumado a un estilo de animación frío y cuadrado regido por ordenadores fomentaron que Los Simpsons dejaran de ser relevantes en todos los sentidos, dejaron de ser un punto de referencia obligado dentro de la cultura popular: ya no aportan frases, momentos o cuadros nuevos. No es coincidencia que los episodios y frases más recordados orbiten dentro de las temporadas 3 a la 8, prácticamente todo lo que ha venido después de eso ha quedado rápidamente sepultado en las arenas del olvido.

Aun con una clara disminución de ratings el programa continúa como un producto rentable para Fox. Es común escuchar frases lastimeras que tratan de excusar la mediocridad en la que vive actualmente la familia amarilla. Desde un “la última temporada no fue tan mala” hasta “vi un episodio que tenía un par de chistes buenos”. Decir ese tipo de cosas hace 20 años era totalmente impensable. Los Simpsons eran graciosos, eran conmovedores, te hacían reflexionar y te contaban una historia interesante, todo en un lapso de 30 minutos.

La serie marcó a varias generaciones y moldeó el humor de éstas, su servidor incluido. Tratar de ver un episodio completo realizado en los últimos años es un acto de puro masoquismo. Imagino que mucha gente ha desarrollado una rutina que simplemente no puede romper, como un matrimonio donde el interés se perdió hace años y ambas partes sólo se ven por mero protocolo. Que los “couch gags” se hayan vuelto ya el momento relevante de varios episodios es un síntoma evidente de la descomposición de la serie.

La triste realidad es que el mundo ya no necesita a Los Simpson y al parecer eso fue algo que ni ellos pudieron predecir. Jerry Seinfeld supo que si la serie que llevaba su nombre tenía posibilidad alguna de ser recordada era terminándola en su mejor momento. Matt Groening y los productores de Fox no entendieron esto y su insistencia en seguir con el cadáver de un programa que en su momento fue histórico es una necedad abominable. Es hora de admitir que Los Simpsons ya dieron lo que tenían que dar y que su legado sólo se volverá más difuso mientras se continúe exprimiendo sin piedad.

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