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Cine de culto y cine pedante (guía básica para distinguirlos)

No, no todo lo que brilla es oro. No bronce. A veces no es nada. Por eso evita caer en los encantos de cineastas sobrevalorados. Aquí términos esenciales que te ayudarán a no perder el tiempo con películas pretenciosas

La cultura suele asociarse con asuntos de tacuche y vino tinto donde individuos autodeclarados la mera neta debaten sobre el porvenir del orbe y ven al futuro con binoculares biónicos. La gente en estas escenas, habla más o menos así, entre la flema y el acento afectado de quien declama sólo versos en mero quiosco municipal a la menor provocación —o incluso sin ella:

Mas la cultura se fragua desde cualquier trinchera, sea elegante o cutre, rastrera, estilizada o refinada, de calle o de salón. Lo que persiste es cuanto contribuye con algo nuevo, novedoso o neurálgico y delinea una época o la traza con una grieta. De eso se trata: incidir, aun sólo por atisbo, en cómo hablamos, pensamos u observamos las cosas. O en cómo pasamos las noches viendo películas solos o acompañados.

Lo mismo sucede con el cine: hay quienes persisten en el imaginario por su capacidad de cooperar con algo insólito, mientras que otros se consolidan desde el púlpito del esnobismo. Discernir entre quienes buscan un cambio fílmico por lo que hacen y quienes sólo lo proyectan, no es sencillo cuando uno acude en busca de orientación educativa.

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Comencemos por un glosario elemental para entender por qué no es tan fácil distinguir a una película calificada por a) críticos, b) opinólogos, c) fans y d) “expertos”. Ojo: cualquiera de estos puede ser un esnob. Lo que los transforma en tales, es qué tan interesados están en exponer un punto o qué tan interesados están en aparentar discernimiento. Tener conciencia de la subjetividad es importante para no caer en la presunción. Un esnob cree que cuanto ladra es puramente objetivo.

Obra maestra. Este término solía reducir a un adjetivo calificativo una serie de atributos. Por ejemplo, que algo tiene un peso histórico, formal, cultural, de desempeño técnico, etcétera, dignos de reconocimiento por cuantos se dediquen al mismo brete. Significa que es una referencia indiscutible, en este caso, del cine. Un crítico la utiliza poco, casi nunca, acompañada de silogismos, pruebas y apelaciones al gusto. Un opinólogo la emplea como sinónimo de “está bien chida”, me gustó un ‘resto’” o “es de mis favoritas”. Un fan, como vindicación de su gusto o criterio y/o verdad absoluta e irrebatible. Un experto, para defender la inclusión en un panteón de películas proverbiales. En cualquiera de los casos no significa nada si no hay razones suficientes para ello. Equivaldría lo mismo a decir: “está buena”. El énfasis extremo en este término signa a un esnob en cualquiera de sus presentaciones.

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Película imprescindible. Se emplea mayormente para una película que parece cumplir con los requisitos suficientes de alguien gustoso de un género, estilo, tema, director, actor, productor o época, al grado que tenga que ver dicha película sí o sí. El crítico casi no la emplea a menos que esté ensayando y, nuevamente, la acompaña de algunas pruebas o razones. El opinólogo expone su punto de vista cuando le echa ganas y lo usa como sustituto de “la tengo en mi colección personal”. Un fan la emplea para señalar una película que lo marcó en el tópico. Un experto, para señalar aquello que no puede faltar en un acervo. Un esnob de cualquiera de las especies anteriores lo usará para sonar sentenciario e inteligente (a veces, pesa una idea: si lo dices muy convencido, probablemente sea verdad).

Cine de culto. Depende de la persona, pero este término resume “obra maestra” + “película imprescindible”. Un crítico intenta señalar, idealmente, a una película con características fílmicas, artísticas, técnicas, culturales y/o históricas dignas de mención y recomendación por múltiples razones que se corroboran no sólo en sus juicios, sino en el tiempo y el impacto. El opinólogo probablemente sólo apele al tiempo, el impacto y su propio gusto o juicio personal con ideas, emociones y otras lindezas dignas de mención para la charla cotidiana. Un fan tal vez indique con esto un eslogan de campaña personal para vindicar el valor de dicha película. Un experto, nuevamente, la empleará como sentencia para adjudicarle un lugar dentro de los púlpitos que tiene reservados para filmes ad hoc con su onda. El esnob que se cuele en cualquier caso anticipa un punto con el término: que hablar de ella ya lo coloca como alguien que sabe del tema y, al igual que este “cine”, es culto.

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Así como los juicios de todos los agentes señalados afectan a estos términos, los propios cineastas aportan lo suyo. Se les puede diferenciar entre sí por aquellos que dedican su carrera a hacer películas apasionada y clavadamente, y aquellos que buscan el reconocimiento por medio de la cinematografía. Es decir, entre quienes logran la trascendencia por medio del trabajo duro y la búsqueda de hacer buen cine, y quienes buscan –y hasta alcanzan– la grandeza.

Lo trascendente lo es por su capacidad de perdurar y volverse relevante para la vida de individuos, materias, credos, etcétera. La grandeza es un momento de cúspide que será recordado. El cine de culto debería ser, idealmente, tracendente y hasta vislumbra la grandeza; el cine pedante, cuando logra su cometido, alcanza la grandeza solamente.

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¿Cómo distinguirlos? Aquí una guía fácil:

Hipertextualidad. Ok. Sí, es un terminajo, pero muy útil para decir que un cineasta está citando, criticando, homenajeando, parodiando, adaptando o apropiándose de la obra de otro (una película, libro, etcétera) con lujo de evidencia y sin afán de ocultarlo, todo lo contrario. ¿Cuándo es pedantería? La exageración en la cantidad de referencias que estorba a la trama o las apelaciones a piezas que no se ven naturales, sino grandilocuentes, pastosas y con intenciones vanidosas —es decir, mostrar que sabe de referencias sin necesidad. Cuando no es un punto de partida, un motivo o algo que aporte a la trama más allá del conocimiento que prueba el director, o bien, cuando estorba más de lo que coopera para entretener, las referencias sólo sirven para que críticos, opinólogos y fans igualmente pedantes sientan que son cultos y saben mucho. Si la película no puede prescindir de esas referencias: pura pedantería del director o guionista para probar cuánto sabe de cine y la amplia cultura que lo distingue.

Profundidad. Cuando alguien se esmera por tirar grandes netas que suenen “poéticas” a huevo, entonces sí, hay mucha pretensión. La poesía no es sonar insondable, oscuro, difícil, etcétera.Como lo pensaste: como Terrence Malick. La plástica puede ser el único interés en una película, así como los diálogos literariamente poéticos. Pero tampoco se trata de que parezca un protector de pantalla la mayor parte del tiempo con versiones refinadas y bien trabajadas de un recital de poesía. Era patético con Paco Stanley, por supuesto que mucha producción puede disimularlo, pero al final es pan con lo mismo: si no forma parte esencial o sólo se engolosina con una contemplación para probar cariz artístico, probablemente ni sea artístico, ni poético, tampoco capaz de cambiarle la vida a las personas o una cosa de esas que dicen los que esperan demasiado de discursos largos pronunciados y agotadores donde las vocales se pronuncian con lentitud. El abuso es signo de no contención. La no contención concluye en verborrea y otras babosadas de ese tipo.

Rareza. Este es un tema delicado. La rareza sólo es perjudicial si se cruza la frontera que divide lo extraño de lo incoherente a grados superlativos (mejor conocido como estupidez). La rareza funciona como punto de inflexión, un leitmotiv, una causa, una ruptura. Vamos, hasta E.T., El Extraterrestre - 98% o El Joven Manos de Tijera - 91% tienen la rareza como punto de partida, es normal. Cabeza de Borrador - 91% lo mismo. Pero en sus universos guardan una razón de ser así, raros, fantásticos. Cuando sólo se hace sin más, sin coherencia con el universo que se crea, puede volverse un arma de doble filo. Si se apela al absurdo –conducta extravagante que quiebra lo convencional– el resultado es un rompimiento en la misma trama, probablemente redituable en efectos narrativos; si se cae en el sinsentido –transgresión de la sintaxis, la semántica y el modo de proceder en una pieza de acuerdo a su lenguaje y sus reglas–, hasta se puede tornar divertido y retador para el espectador; cuando se cae en la incongruencia –a menos que sea una comedia negra y esa sea la intención– sin atisbo de relación con lo que pasa en la película, señores, hay que decirlo: es una pendejada. Rarezas circunstanciales son meras pretensiones. En toda la extensión de la palabra. Cuando la película se viste de rareza, bobada se queda. Por muy Michel Gondry que seas.

Estas son algunas indicaciones para que usted, querido lector, pueda encontrar sus propias películas pedantes. No, no vamos a listar ni una sola. Esta vez no, a menos que ustedes así lo soliciten. Ahora bien: con estos términos, ¿qué películas pondrían entre pedantes y de culto y por qué consideran que sería así? Comenten. Tenemos un foro en Tomatazos. Pueden iniciar la discusión escribiendo: “Nombre de la película: ¿película de culto o pedante?"

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