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Café Society: la primera película de Woody Allen en digital

Café Society, la agridulce comedia romántica de Woody Allen, lleva al director neoyorquino a estrenarse en el formato digital, un reto formal que implica cambios de hábitos fílmicos

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Café Society: la primera película de Woody Allen en digital

Café Society, la agridulce comedia romántica de Woody Allen, lleva al director neoyorquino a estrenarse en el formato digital, un reto formal que implica cambios de hábitos fílmicos

POR Alejandra Lomelí -

Desde su debut en 1968 con Robó, Huyó y lo Pescaron - 90%, Woody Allen no ha parado de hacer películas, estrenando por lo menos una al año hasta llegar hoy a Café Society - 70%, su cinta número 46 que ya estrenó en México. La filmografía de Woody Allen es una de las más consistentes y personales. Si bien podemos identificar varios tópicos recurrentes dentro de ella, también podemos afirmar que su cine se divide en dos grandes incisiones: las relaciones de pareja y la industria del cine. Ya sea desde la comedia más satírica o absurda, hasta los dramas más densos y pesimistas, el cineasta neoyorquino ha entregado una serie de historias complejas que retratan los dilemas existenciales del ser humano, la búsqueda de la espiritualidad, lo irracional del amor, la frivolidad del mundo del espectáculo y lo agridulce de las relaciones románticas surgidas, primero, en Nueva York y a últimas fechas en ciudades como Barcelona (Vicky Cristina Barcelona - 81%), Roma (De Roma Con Amor - 43%), Londres (la celebrada, La Provocación - 76%) o París (Medianoche en París - 93%).

Pero así como muestra un interés por la pareja e incluso en las dinámicas familiares, en específico la judía, la mirada de Allen se asemeja a la de un cronista que destaca la relevancia de las ciudades como factor determinante del comportamiento de sus personajes. Café Society hereda toda esa nostalgia y también su reiteración al amor idealizado surgido de un triángulo amoroso, el Hollywood de las apariencias, los años 30, los crímenes y el éxito a medias, temas obsesivos del director que no pierden su toque humorístico ni romántico y así, con todo lo romántico que es en la dirección, ha elegido que esta agridulce comedia protagonizada por Kristen Stewart y Jesse Eisenberg sea su primera película en digital.

Woody Allen, el cineasta romántico del celuloide

Antes de este filme, Allen seguía formando parte de ese pequeño pero apasionado grupo de cineastas románticos del celuloide, un proceso físico-químico que añade ese carácter casi artesanal al quehacer cinematográfico y la única posibilidad de “tocar” la magia del séptimo arte al utilizar carretes de películas para grabar y revelar las imágenes capturadas en distintos formatos de tamaño de imagen y sonido que van desde los 7 a los 70 mm, medidas que también dependen del tipo de cámara utilizada en la filmación. Algo casi romántico. Gran parte de las películas producidas en el Hollywood del sistema de estudios fueron realizadas con cámaras Panavision de 35 y 70 mm. Si por algo es ampliamente defendido el negativo es por la resolución y nitidez que ofrece, aspectos que invariablemente ayudaron a definir la imagen cálida y granulada que tanto se asocia a los filmes y que nos viene a la mente cuando pensamos en la pantalla grande.

Aun tratándose del celuloide, pasó por distintas transiciones para permitir una mejor calidad de imagen ya que de un soporte de triacetato de celulosa utilizado para uso amateur y el nitrato utilizado por los profesionales, el material mutó a una base de acetato y a partir de los 90, al polyester. Son estas especificaciones las que ahora hacen que este proceso incremente los costos como consecuencia del auge digital que no solo baja los costos de las cámaras (oscilando entre los US$16,000 a US$80,000), sino que ofrece practicidad al proceso por utilizar tarjetas de memoria y archivos no tangibles, lo que facilita a los directores visualizar instantáneamente lo grabado.

En la actualidad son pocos los directores que siguen utilizando celuloide para filmar sus películas, los casos más destacados son Quentin Tarantino y su espectacular 70 mm utilizada en Los 8 Más Odiados - 75%; Christopher Nolan y su épica espacial Interestelar - 71% filmada en IMAX; J.J. Abrams y su incursión al universo de Star Wars en Star Wars: El Despertar de la Fuerza - 92%; Todd Haynes también filmó en celuloide Carol - 94%, y el veterano Martin Scorsese, que tras prescindir de la película únicamente en El Lobo De Wall Street - 77%, vuelve a utilizarlo es su más reciente película, Silencio - 85%.

Sin embargo, esta transición resulta cada vez algo inevitable porque como destacó Vittorio Storaro, director de fotografía de Café Society, a partir de la aparición de las cámaras digitales se ha producido una revolución en la industria cinematográfica:

Cuando hablé con Woody Allen, le dije que ya era hora de que nos enfrentáramos a una palabra: progreso. En Italia prácticamente no tenemos tecnicolor y ya no tenemos Kodak. No podemos limitarnos a una forma de trabajar.

La extinción del celuloide y de las cámaras análogas que de forma paulatina han dejado de fabricarse desde el 2012, hace que la lucha por preservar la película sea titánica, lo que no quiere decir que lo digital no tenga su propia batalla.
Si bien, la era digital en el cine empezó aproximadamente 10 años atrás con la aparición de la Red One, cámara pionera que supuso una verdadera revolución, es cierto que entonces los sensores ofrecían una calidad muy baja de resolución, por lo tanto, el reto de la digitalización consiste en satisfacer las necesidades de cada producción, en el caso de Storaro consistía en encontrar la cámara ideal:

Yo siempre había soñado en trabajar con una cámara digital que me permitiera, desde cero, utilizar el formato específico 2:1 que me había sugerido la pintura de Leonardo Da Vinci: La última cena. En el cine, yo llamo a ese aspecto Univisium. Cada vez que experimenté con formatos digitales a lo largo de los años – con resultados desalentadores – siempre había soñado con una cámara “ideal”. Había diversos elementos a satisfacer”.

Significando también su primera incursión con cámaras digitales, Storaro, responsable de la fotografía de clásicos como El Último Tango en París - 79% y Apocalipsis Ahora - 99%, ha destacado las ventajas en cuanto a resolución y nitidez que este formato le permitió en Café Society al utilizar la cámara Sony CineAlta 4K F65:

Si el negativo nos permite capturar por lo menos una profundidad de color de 16 bits, una cámara digital debería ser capaz de lo mismo, si no más. Y si escaneamos el negativo a 4K, 6K o 8K, una cámara digital debería ser capaz de brindar por lo menos una resolución de 4K. Entonces, descubrí que SONY había hecho una cámara llamada F65, que resultó lo más cercano posible a mis sueños. La ‘ventanilla’ era casi perfecta, con una relación de captura cercana a 2:1.

El trabajo de fotografía, la iluminación y los tonos crepusculares que conforman el diseño visual de Café Society son el resultado de la transición de ambos artistas a este formato, responsable de ese aire melancólico que solo una historia de amor frustrado puede tener, aunque fue Storaro el que motivó a Allen a realizar esta conversión:

Supe que había llegado el momento de capturar imágenes digitales. Las mejores colaboraciones, al menos para mí, suelen lograr captar un concepto muy personal del director. Es un proyecto de ensueño para el director y ese sueño se convierte en el tuyo.

El apartado visual en Café Society es fundamental para complementar la carga emocional de los personajes, además, como reconoce el cinefotógrafo, para diferenciar al Bronx de Hollywood, los dos escenarios en que se desarrolla la historia:

Entonces me enviaron el guión y me encantó desde el principio: era realmente una historia de Woody Allen. No solo eso: presentaba dos decorados fundamentales que necesitaban tener un estilo visual distintivo: el Bronx y Hollywood. Había allí dos temas visuales específicos a presentar, por lo que me resultó muy interesante.

Este contraste acompaña el arco argumental de la historia: mientras las escenas sucedidas en el Bronx poseen tonos más fríos y una iluminación cercana a la penumbra que genera el marco ideal para desarrollar la trama gángsteril que permite al personaje de Corey Stoll amasar una gran fortuna, la parte sucedida en Los Ángeles es más cercana a la ensoñación, con tonos cálidos y luminosos que recuerdan a una bella puesta de sol. Por otro lado, las constantes fiestas en las residencias de Hollywood y en el Café Society de Nueva York, Storaro las captura con voluptuosos tonos dorados que añaden a este retrato un glamour al más puro estilo de El Gran Gatsby - 48%, la adaptación cinematográfica de 2013, dirigida Baz Luhrmann, basada en la obra homónima de F. Scott Fitzgerald , lo que hace de Café Society, el trabajo visualmente más sofisticado de Woody Allen y uno de sus más bellos fotografiados a últimas fechas (caso pecular en Allen, cuyo énfasis suele recaer en la narrativa y los diálogos).

Sin llegar a cuajar un retrato inmortal de una pareja desafortunada como en su comedia romántica por excelencia Dos Extraños Amantes - 98%, con dilemas menos complejos que Manhattan - 98% (1980) o Recuerdos - 72%, Woody Allen entrega en Café Society una de las más tristes historias de amor de su filmografía.

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